Animal Kinhood Animales salvajes Vulnerable
12 min de lectura 9 capítulos Live · Owendo
Retrato frontal de Ndong, un mandril adulto de máscara facial azul y roja y barba anaranjada, con gorro de lana naranja, chaquetón de faena ocre con cuello de borreguito y mono de trabajo verde petróleo, sobre fondo liso verde azulado. AK · 31 N 0°17′ E 9°30′ Ndong Owendo, GA PHOTO ©YP · 2026
Animal Kinhood · Animales salvajes Nº 31 / 31 Episodio · Ndong
Mandrillus sphinx

Ndong.

Mandril

Tú enséñame la luz, que yo paro.
Súmalo a tu Kinhood.Ya forma parte de tu Kinhood.
Biografía · Bloque 01 de 03 Mandril
Caps · I–II–III

Seiscientas personas y una habitación.

I
CAP · 01 / 09

La casa donde duermen once

La casa de su madre está dentro del bosque, monte adentro desde la carretera de los Montes de Cristal, y tiene tres habitaciones. En temporada seca duermen once. Mengue reparte: quién en el cuarto de atrás, quién en la esterilla del pasillo, quién se aguanta en el banco de fuera porque llegó el último y llegó tarde. Nadie discute el reparto.

La comunidad entera pasa de las seiscientas personas. Es un número que en Owendo, cuando lo suelta, la gente no se cree del todo, así que hace años que dejó de soltarlo. Se sabe casi todos los nombres. No se sabe todas las caras, que es distinto, pero los nombres sí, porque van por casas y las casas van por madres.

Cuenta gente sin querer. Los que suben en cada apeadero, los que quedan en el vagón a las tres de la mañana, los que hay en la casa grande la primera noche que llega. Empezó con nueve años, contando cabezas porque su madre se lo mandó, y perdió la cuenta en sesenta tres veces seguidas hasta quedarse dormido. Ahora acierta casi siempre y no se lo dice a nadie.

En la comunidad no se habla de estar en peligro. Se dice que las casas del norte están más vacías que antes y que hay que subir más lejos para encontrar lo mismo, y se dice con el mismo tono con que se habla del tiempo. La primera noche de cada temporada seca hay un plato de esmalte azul de más en la mesa, con el borde saltado. Lo pone él, sin decir nada, y nadie lo comenta.

II
CAP · 02 / 09

Contar los años por las llegadas de alguien

Su padre no vivía en la casa. Nzé vive todavía a media jornada de camino, en una construcción de una pieza que se levantó él, y aparecía en seco, se quedaba unas semanas y se iba otra vez. Así se contaban los años en la cabeza de Ndong cuando era pequeño: uno, el año de la casa nueva; dos, el año en que el río bajó tanto que se cruzaba a pie.

Nadie le explicó nunca que fuera raro contar así. En su pueblo los hombres adultos no forman casa; la casa es de la línea de la madre y ellos entran y salen. A los veintitantos ya no duermes allí más que unas semanas al año. No se llama abandono y tampoco se llama libertad. Se llama estar fuera.

Con su padre habla de herramientas. Una mañana de cada temporada seca van juntos a por madera de horma, seis horas de ida y vuelta y puede que treinta frases entre los dos, y los dos vuelven contentos. Ninguno ha mencionado nunca que hacen exactamente la misma vida.

III
CAP · 03 / 09

A los catorce se baja

Bajó a Owendo con un primo, a casa de una tía, a terminar los estudios. Catorce años. En la comunidad los chicos salen pronto y nadie se pone en la puerta a despedirlos, así que se fue un martes y el martes siguiente ya era una cosa contada.

La tía tenía una casa de dos habitaciones en Nkembo y cuatro críos, y él dormía en el salón con una manta doblada por colchón. Aprendió a moverse por Libreville en dos semanas: qué taxi compartido coge quién, a qué hora se llena el mercado, cuánto hay que discutir un precio para que la otra persona no se ofenda. Le salió fácil. Lo que no le salió fue el ruido de dormir en una casa donde solo hay seis personas.

Estuvo dos años sin volver porque el billete costaba lo que costaba y él no lo tenía. Su madre no se lo tuvo en cuenta. Él sí, y de eso no ha hablado con nadie.

El primer viaje entero lo hizo a los quince, de Owendo a Franceville, sentado en el suelo del pasillo del ómnibus con las piernas encogidas y una bolsa por almohada. Diecinueve horas. Se pasó media noche mirando la puerta de la cabina, que se abría de vez en cuando y dejaba salir una luz verdosa de los cuadros y un olor a gasóleo caliente que todavía hoy le parece un olor bueno. Cuando llegaron a Franceville tenía la espalda destrozada y una idea bastante clara de a qué quería dedicarse.

Voiceline · cita canónica del personaje Ndong · Mandril
Pasa el cursor para pausar
Tú enséñame la luz, que yo paro. AK · 31 · Ndong · Owendo 2025 Tú enséñame la luz, que yo paro. Voiceline · Mandrillus sphinx Tú enséñame la luz, que yo paro. AK · 31 · Ndong · Owendo 2025 Tú enséñame la luz, que yo paro. AK · 31 · Ndong · Owendo 2025 Tú enséñame la luz, que yo paro. Voiceline · Mandrillus sphinx Tú enséñame la luz, que yo paro. AK · 31 · Ndong · Owendo 2025
§ 04 · Objetos Ediciones abiertas · cotidianos
10 piezas · Impresión bajo demanda

Lleva a Ndong a casa.

Biografía · Bloque 02 de 03 Raíces
Caps · IV–V–VI

El kilómetro cero está en Owendo.

IV
CAP · 04 / 09

El tramo Ntoum-Andem, andando

Entró en el ferrocarril a los diecinueve, pero no en una cabina: en la brigada de vía del tramo entre Ntoum y Andem, veintidós kilómetros que se recorren a pie con una barra al hombro. Aprendió los kilómetros andándolos. Todavía hoy, cuando pasa por el paso a nivel del punto cuarenta y uno, sabe que el balasto de la izquierda se hunde con las lluvias, y frena un poco antes sin pensarlo.

La habilitación de conducción la sacó a los veintitrés. El maquinista que lo formó, un hombre de pocas palabras que llevaba treinta años en la línea, le dio un gorro de lana naranja el día que salió el papel y le dijo que no lo perdiera. No le explicó por qué y Ndong no preguntó.

Se lo pone antes de tocar nada. Se lo quita al bajar. Está deshilachado por el borde desde hace años y no se lo ha visto puesto nadie fuera de una cabina, ni su hermana, ni su madre, ni la gente del mercado de Owendo, que lo ve todas las semanas comprando arroz.

V
CAP · 05 / 09

Los tres años del expreso

A los veintiséis lo pasaron al expreso. Menos paradas, mejor horario, sueldo por encima. En la oficina se lo dieron como quien da un premio y en la comunidad, cuando subió a contarlo, su madre puso el plato bueno.

Salía de Owendo, llegaba a Franceville de noche, dormía en la residencia de la compañía y volvía. Habitación con aire acondicionado y una televisión encendida en el comedor. Tres años así.

En esos tres años no aprendió el nombre de nadie. Lo dice sin dramatismo, como un dato de servicio, igual que diría que en ese tramo hay veinte curvas. La gente subía en las estaciones grandes, se sentaba lejos de la cabina, se bajaba en las estaciones grandes. Nadie se acercaba con un bulto a preguntar si cabía. Nadie le enseñaba una lámpara desde el borde de la vía a las cuatro de la mañana.

Fueron los años que mejor le pagaron y son los que peor recuerda. Guardó el impreso de aquel nombramiento y no sabría decir para qué.

VI
CAP · 06 / 09

La noche que la vía se cortó

Un desprendimiento de la temporada de lluvias cortó la vía pasado el kilómetro doscientos y el tren se quedó parado en el bosque hasta el amanecer. Doscientas y pico personas. A la media hora ya había gente abajo, en el balasto, y a la hora había tres hogueras y alguien había sacado una radio.

Ndong bajó de la cabina, se quedó de pie en el borde del terraplén y se estuvo allí toda la noche. Le llevaron un vaso de café sin que lo pidiera. Alguien le preguntó una hora y él contestó la hora. Fuera de eso no habló, y no le hizo falta.

Cuando despejaron la vía a las seis de la mañana y la gente empezó a subir otra vez, tardó en moverse. Se lo achacó al frío, que en seco y a esas horas y con la humedad del río se mete de verdad. Subió el último, se puso el gorro, y hasta Booué no dijo una palabra.

Al mes siguiente pidió el cambio al ómnibus.

Biografía · Bloque 03 de 03 Oficio
Caps · VII–VIII–IX

El tren que para en todas partes.

VII
CAP · 07 / 09

Ntoum, Andem, M'Bel, Oyan

En la oficina le preguntaron si estaba seguro. Es el turno de abajo: más horas, más paradas, viajeros con bultos, un tren que tarda diecinueve horas en hacer lo que el otro hace en trece. Él dijo que las horas extra salían mejor, y como el número cuadraba, nadie lo comprobó. Lleva dos años diciéndolo.

Ahora la salida es a primera hora de la tarde. Antes de mover nada se pone el gorro, se roza el pecho contra el montante de la puerta al subir —dice que comprueba que la puerta cierra bien— y va diciendo los nombres de los apeaderos en orden, bajito, para él: Ntoum, Andem, M'Bel, Oyan, Abanga. Si se equivoca en uno, vuelve a empezar por Ntoum.

Detrás del asiento lleva los encargos colocados por orden de bajada. Medicinas, una batería de coche, tres kilos de arroz, un cargador de móvil, un paquete que le dio una señora en el andén de Owendo para alguien de Booué al que no conoce de nada. Un termo de litro que no comparte y dos vasos encima de la caja por si sube el jefe de tren.

Los días que no sale duerme en un cuarto alquilado detrás del mercado de Owendo: una habitación, un hornillo, una silla y un ventilador que no apaga ni en seco. Ocho años y no ha colgado nada en las paredes. Su hermano pequeño, Bekale, bajó a Libreville a buscar trabajo y sigue buscándolo, y aparece allí sin avisar y se va igual; tiene un juego de llaves propio desde el primer mes. Ndong no le ha preguntado nunca cuánto se queda. Sabe perfectamente lo que es aparecer en casa de otro y no piensa decírselo.

VIII
CAP · 08 / 09

Los apeaderos que no salen en el parte

Entre Abanga y Ndjolé hay sitios donde no hay andén, ni cartel, ni nombre en el horario. La gente se pone al borde de la vía con una lámpara de queroseno o con la linterna del teléfono, y él frena. No está en el parte de servicio y nadie se lo ha prohibido nunca por escrito. Espera a que carguen los bultos, cuenta los que suben y arranca.

Es la frase que le conocen en toda la línea, y la suelta como quien da una instrucción: tú enséñame la luz, que yo paro.

Lo mejor del turno le pasa sobre las dos de la madrugada, cuando el vagón se calla del todo. Ya no hay conversaciones, ya no hay nadie de pie, solo el ruido de los raíles y ciento y pico personas dormidas al otro lado del tabique. No está solo y no tiene que hablar con nadie. Su hermana Ntsame, que es la única que se lo ha dicho a la cara, sostiene que el ómnibus no lo pidió por las horas.

IX
CAP · 09 / 09

El espejo del montante

En el montante derecho de la cabina hay un espejo redondo, de los de bolso, pegado con cinta aislante y girado hacia dentro. Lleva cuatro años ahí. Si alguien pregunta, dice que es para ver el andén, aunque el andén se ve mejor por la ventanilla y todo el mundo lo sabe.

Desde que volvió al tren lento, el rojo de la cara se le ha ido apagando. El azul de las crestas está exactamente igual. Él lo achaca a la luz de esa cabina, que da mal; al gasóleo; a dormir de día; al gris de la temporada seca, que en Gabón deja el cielo tapado de junio a septiembre y hace que la gente saque las chaquetas. Es el único de la línea que va con gorro todo el año.

En seco sube al bosque. Duerme en la casa grande, cuenta cabezas la primera noche, va a por madera con su padre y vuelve a Owendo con la cara encendida, y dice que es el sol del río.

Su madre nunca le pide que vuelva. Cuenta los días en voz alta delante de él —el catorce hace un mes— y se calla. Él contesta con la fecha de su próximo turno libre. Las dos cosas se dan por dichas.

§ 07 · Ficha de especie Mandrillus sphinx

Sobre el mandril.

Clasificación
  1. Animalia
  2. Chordata
  3. MammaliaMamíferos
  4. Primates
  5. Cercopithecidae
Mandrillus sphinx
Mandril (Mandrillus sphinx) en libertad
El animal real · Mandrillus sphinx Foto: Y S (@santonii) / Unsplash (Unsplash License)
Hábitat
Bosque tropical lluvioso de tierras bajas de África centro-occidental: sur de Camerún, Guinea Ecuatorial continental, Gabón —donde vive la mayor población con diferencia— y el suroeste de la República del Congo. Prefiere el bosque primario y los matorrales densos de jengibres, y también aparece en los mosaicos de bosque y sabana como los de Lopé.
Dieta
Omnívoro con fuerte peso de la fruta. En Lopé se midió una dieta de un 50,7 % de fruta, 26 % de semillas, 8,2 % de hojas, 6,8 % de médula, 2,7 % de flores y un 4,1 % de materia animal. En el parque de Lékédi se documentó el consumo de 147 especies de plantas de 48 familias distintas.
Longevidad
En el bosque las estimaciones van de los doce a los veinte años según la fuente. Con cuidados y seguimiento veterinario llegan mucho más lejos: el récord verificado de longevidad es de 40 años, y la mandril más vieja registrada con vida tenía 37.
Peso
Los machos pesan de media unos 25 kg, con un rango de campo de 19 a 30 kg, y las hembras entre 10 y 15 kg. El macho pesa unas 3,4 veces más que la hembra: uno de los dimorfismos más marcados entre los primates del Viejo Mundo.
Adaptación
La coloración de la cara y los cuartos traseros del macho funciona como una insignia de rango en tiempo real: sube con la testosterona y con la posición social, y el rojo se apaga cuando el macho pierde el estatus dominante. El azul no se mueve igual, porque no es pigmento sino color estructural producido por fibras de colágeno ordenadas bajo la piel.
Récord
Es el mono más grande del mundo: hasta 95 cm de largo de cabeza y cuerpo, con un máximo registrado de 54 kg en un ejemplar excepcional.

Estado de conservación

Global (UICN)
Vulnerable
En su región
Gabón concentra con diferencia la mayor población y es el refugio más importante de la especie. El norte del área —sur de Camerún y Guinea Ecuatorial— ha perdido mucho más hábitat. En la República del Congo la distribución es limitada y se conoce mal. La especie está presente en catorce áreas protegidas.
Población
No existe una estimación fiable del número total de mandriles. La propia evaluación de la UICN afirma que el tamaño de la población es desconocido, y sitúa el descenso sospechado por encima del 30 % en las últimas tres generaciones.

Amenazas principales

  1. La caza para carne de monte es la presión principal, y está documentada en los mercados de todos los países del área de distribución.
  2. Pérdida y degradación del bosque por tala, minería, agricultura y expansión de asentamientos, mucho más intensa en el norte del área que en el sur.
  3. Fragmentación y aislamiento de poblaciones, con el caso extremo de la población costera del Congo, que puede quedar genéticamente aislada.
  4. El comercio de crías huérfanas, que es un subproducto directo de la caza de hembras adultas.
  5. Enfermedades emergentes: el mandril es hospedador natural de dos cepas de virus de inmunodeficiencia de simio, y el plan de acción de la UICN señala las zoonosis como amenaza al alza.
Hay reintroducciones con seguimiento: 36 mandriles liberados en el parque de Lékédi, en Gabón, en la primera suelta de la especie, y 15 huérfanos rescatados del comercio de carne de monte devueltos al Parque Nacional de Conkouati-Douli, en el Congo, cuyos niveles de estrés medidos cayeron por debajo de los del santuario en poco más de un mes. El plan de acción vigente de la UICN dedica un presupuesto específico a censos, genética, educación y vigilancia.

¿Sabías que…?

01
El mono más grande del mundo

Un mandril macho adulto pesa de media unos 25 kg y puede llegar a los 30 en el campo, con un récord documentado de 54. No es un simio: es el mono más grande y pesado del planeta, y también uno de los más fuertes.

02
El color se apaga cuando pierdes el sitio

El rojo de la cara y de los cuartos traseros del macho sube con la testosterona y con el rango. Cuando un macho pierde el puesto de alfa, ese rojo se desvanece en parte. Es una señal de estatus que se lee de un vistazo y que el propio animal no controla.

03
La reunión de primates más grande jamás vista

En el Parque Nacional de Lopé, en Gabón, se contaron una vez 1.350 mandriles moviéndose juntos. Las hordas normales ya son enormes —una media de 620 individuos y máximos de 845—, pero aquella agregación sigue considerándose la mayor reunión de primates salvajes documentada.

04
Detectives del olor

Los mandriles acicalan menos a los compañeros que tienen parásitos intestinales, y los distinguen por el olor de sus heces, evitando sobre todo la zona de mayor riesgo. Cuando un equipo de investigación desparasitó a los afectados, el grupo volvió a acicalarlos con normalidad.

05
Una despensa en las mejillas

Sus bolsas bucales se abren junto a los dientes de abajo y se extienden por los lados del cuello. Caben en ellas casi los contenidos de un estómago, así que pueden llenarlas deprisa cuando hay competencia y retirarse a comer con calma a otro sitio.

06
El azul no es pintura

El turquesa de las crestas de la cara no es un pigmento: es color estructural, producido por fibras de colágeno ordenadas en paralelo bajo la piel, que dispersan la luz en ese tono. El rojo sí viene de la sangre, de vasos muy superficiales.

Preguntas frecuentes

¿El mandril es un babuino?
No. Se le clasificó dentro de los babuinos durante mucho tiempo por el parecido del cuerpo, pero los estudios genéticos lo situaron más cerca de los mangabeys. Se distinguen a simple vista: el mandril tiene la cara con crestas azules y una línea roja central, y la cola muy corta, de siete a diez centímetros.
¿Por qué tiene la cara de esos colores?
Porque es una señal de rango. La intensidad del rojo sube con la testosterona y con la posición social del macho, y baja cuando pierde el puesto. Sirve para que dos machos sepan cómo están el uno frente al otro sin tener que pelear.
¿Cuántos mandriles quedan?
No se sabe. No hay un censo fiable de la especie y la propia UICN dice que el tamaño de la población es desconocido. Lo que sí está estimado es la tendencia: un descenso de más del 30 % en las últimas tres generaciones, que es lo que la sitúa como especie vulnerable.
¿Es verdad que van en grupos de cientos?
Sí, y son los grupos más grandes que se conocen en primates. En Lopé se documentó una media de 620 individuos por horda y máximos de 845, con una agregación excepcional de 1.350. El núcleo estable son las hembras y sus crías.
¿Dónde vive el mandril?
En el bosque lluvioso de tierras bajas de África centro-occidental: sur de Camerún, Guinea Ecuatorial continental, Gabón y el suroeste de la República del Congo. Gabón es donde queda la mayor población.
¿Rafiki, el de El Rey León, es un mandril?
Por la cara, sí: tiene la máscara azul y roja del mandril, aunque en la película lo llamen babuino. La cola larga que le dibujaron es de babuino: la del mandril es un muñón de menos de diez centímetros.
§ 08 · Conservación tres programas · verificados
Mandril

Ayuda a proteger esta especie.

Cada compra contribuye, pero la donación directa hace más. Tres ONGs con programas específicos verificados para esta especie.

Nº 01 / 03

WCS Gabón.

Wildlife Conservation Society · Programa Gabón

Estudia y sigue a los mandriles del Parque Nacional de Lopé con collares de radio y cámaras trampa, forma eco-guías de las comunidades locales y apoya la vigilancia del parque junto a la Agencia Nacional de Parques Nacionales.

Donar a WCS Gabón
Nº 02 / 03

The Aspinall Foundation.

The Aspinall Foundation · programas de Gabón y Congo

Fundación británica de conservación y reintroducción de fauna. Ha participado en la liberación de mandriles en el parque de Lékédi, en Gabón, y en la traslocación al Parque Nacional de Conkouati-Douli, en la República del Congo.

Donar a The Aspinall Foundation
Nº 03 / 03

Instituto Jane Goodall.

Jane Goodall Institute · programa de liberación de mandriles

Rescata mandriles huérfanos del comercio ilegal, los rehabilita en el santuario de Tchimpounga, en la República del Congo, y los devuelve al Parque Nacional de Conkouati-Douli con seguimiento posterior de salud y movimientos.

Donar a Instituto Jane Goodall
Animal Kinhood · 31 personajes

Treinta y uno nombres. Treinta y uno historias. Treinta y uno personalidades. Un mismo proyecto.

Catálogo completo · Drop 01 — Q3 2026 Explorar Animal Kinhood