El espejo que mira hacia dentro
En su historia, en el montante derecho de la cabina donde trabaja lleva años un espejo redondo, de los de bolso, pegado con cinta y girado hacia dentro. Si alguien le pregunta, Ndong dice que es para ver el andén, aunque el andén se ve mejor por la ventanilla y todo el que sube al tren lo sabe. Nadie insiste. El azul de su cara, por cierto, es color estructural: fibras de colágeno bajo la piel que desvían la luz; el rojo sí sale de los vasos sanguíneos de la superficie.







