El turno que devolvió
Tres años tuvo el turno bueno: el expreso, con menos paradas y mejor horario, que en la oficina le dieron como quien entrega un premio. Menos horas al volante, sueldo por encima y ninguna parada donde nadie sube con un bulto a preguntar si cabe. A los tres años pidió el cambio al ómnibus, el tren que tarda diecinueve horas en cubrir lo que el expreso hace en trece. En la oficina le preguntaron si estaba seguro. Él contestó que las horas extra salían mejor, y como el número cuadraba, nadie lo comprobó. Lleva dos años contándolo así.







