Veintidós kilómetros aprendidos a pie
En su historia, antes de subir a una cabina, Ndong entró en el ferrocarril por la brigada de vía: veintidós kilómetros entre dos pueblos que se recorren a pie, con una barra de hierro al hombro y sin más instrumento que las piernas. Aprendió los kilómetros andándolos, uno a uno, antes de aprender a conducirlos. Todavía hoy, cuando pasa por ciertos puntos del trazado, sabe qué tramo de balasto se hunde con las lluvias y frena un poco antes, sin pensarlo, como quien recuerda un camino de memoria. Y no hace falta que se lo digan dos veces.







