Kilómetro doscientos, de noche
En su historia hay una noche que no se parece a las demás guardias. Pasado el kilómetro doscientos, un desprendimiento de la temporada de lluvias dejó el ómnibus parado en mitad del bosque, sin nada alrededor salvo árboles. Doscientas y pico personas bajaron al balasto y antes de que pasara media hora ya ardían tres hogueras. Ndong se quedó de pie en el borde del terraplén toda la noche, sin apenas moverse ni hablar. No hizo falta que dijera nada. Cuando despejaron la vía al amanecer y la gente volvió a subir, fue el último en hacerlo.







