Animal Kinhood Animales salvajes En peligro crítico
12 min de lectura 9 capítulos Live · Nuoro
Retrato frontal y realista de un murciélago orejudo de orejas muy largas, vestido con pajarita, chaleco de espiga marrón, jersey de punto color crema y abrigo de tweed marrón grisáceo, sobre fondo verde celadón liso; hocico fino, mirada de frente. Es Gavino, personaje de la serie Animal Kinhood de Yago Partal. AK · 01 N 40°19′ E 9°20′ Gavino Nuoro, IT PHOTO ©YP · 2026
Animal Kinhood · Animales salvajes Nº 01 / 24 Episodio · Gavino
Plecotus sardus

Gavino.

Orejudo sardo

Un reloj parado no está muerto. Casi siempre solo se le ha ido el pulso un momento.
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Biografía · Bloque 01 de 03 Orejudo sardo
Caps · I–II–III

El que abre de noche.

I
CAP · 01 / 09

Un reloj no se mira

Gavino abre el taller cuando el resto de Nuoro cierra. Un bajo alquilado en Séuna, el barrio viejo de la ciudad, con una persiana que chirría y una campanilla en la puerta que solo suena de madrugada. Trabaja con la pajarita y el chaleco de espiga puestos aunque no espere a nadie, porque para él sentarse al banco es sentarse a algo serio. Entra un vecino con un reloj de pulsera que se para y arranca, se para y arranca, y no sabe por qué. Gavino no lo abre. Se lo acerca a la oreja, ladea la cabeza, cierra los ojos. Medio segundo. «La rueda de escape», dice, y todavía no ha tocado un tornillo. Un reloj no se mira, se escucha. Lo suelta como quien da los buenos días. El vecino se ríe, incrédulo, hasta que Gavino destapa la máquina y ahí está, la rueda de escape, exactamente donde dijo. Cobra poco por eso. A los mayores del barrio, que le traen relojes que no valen el arreglo solo por tener con quién hablar al anochecer, muchas veces no les cobra nada. Les da conversación y les devuelve la máquina andando. Con eso le basta.

II
CAP · 02 / 09

El flexo al mínimo

La luz grande le cansa. Trabaja con el flexo bajado casi del todo, un círculo pequeño sobre el paño de fieltro verde y el resto en penumbra, y así está a gusto. Cruza el taller a oscuras sin tropezar con nada: lee la habitación por cómo suena, el zumbido del transformador, el goteo del grifo del fondo, la persiana medio bajada. La gente que entra por primera vez se extraña de que no encienda el fluorescente. Él se encoge de hombros. «Con tanta luz no me entero», dice, y no da más explicación. Cuando el taller se llena de ruido o de gente, se sube el cuello del abrigo de tweed y se apaga un poco hacia dentro hasta que puede volver al silencio. En invierno cambia del todo. Llega una temporada, en pleno frío, en que se mueve más despacio y habla arrastrando las palabras, duerme muchísimo y el taller casi no abre. Lo llama «la época». No sabe por qué le pasa; lo achaca a la edad y al frío que sube de la piedra de la casa. Con el buen tiempo le vuelve la fuerza sola, y de eso tampoco se pregunta nada.

III
CAP · 03 / 09

Una ventana menos con luz

Nuoro se vacía sin ruido. Los jóvenes bajan a Cagliari o cruzan al continente porque aquí no hay trabajo, y cada invierno hay en Séuna una ventana menos encendida y un banco menos abierto. Los suyos, los orejudos sardos, siempre fueron poca gente: familias de cuevas del interior, de los montes de Oliena y Dorgali, hacia el Gennargentu, un pueblo que se recorre en un fin de semana. Ahora son menos todavía. Los veranos de fuego, cada año peores, suben por los montes y dispersan familias enteras cuando arde la ladera sobre las cuevas donde crían. Gavino no habla de esto casi nunca. Lo lleva por dentro, en la lista muda de a quién le arregló el reloj el año pasado y ya no ha vuelto. Repara la máquina, la deja en hora, y sigue con la siguiente. Si alguien en el bar se pone trágico con lo del pueblo que se acaba, corta con un «ajò» cansado y cambia de tema. Le parece que lamentarse en voz alta no arregla nada, y él es de arreglar cosas o de callar. Sobre todo de callar.

Voiceline · cita canónica del personaje Gavino · Orejudo sardo
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Un reloj parado no está muerto. Casi siempre solo se le ha ido el pulso un momento. AK · 01 · Gavino · Nuoro 2025 Un reloj parado no está muerto. Casi siempre solo se le ha ido el pulso un momento. Voiceline · Plecotus sardus Un reloj parado no está muerto. Casi siempre solo se le ha ido el pulso un momento. AK · 01 · Gavino · Nuoro 2025 Un reloj parado no está muerto. Casi siempre solo se le ha ido el pulso un momento. AK · 01 · Gavino · Nuoro 2025 Un reloj parado no está muerto. Casi siempre solo se le ha ido el pulso un momento. Voiceline · Plecotus sardus Un reloj parado no está muerto. Casi siempre solo se le ha ido el pulso un momento. AK · 01 · Gavino · Nuoro 2025
§ 04 · Objetos Ediciones abiertas · cotidianos
10 piezas · Impresión bajo demanda

Lleva a Gavino a casa.

Biografía · Bloque 02 de 03 Raíces
Caps · IV–V–VI

El oído de los Satta.

IV
CAP · 04 / 09

Los nombres de las cuevas

De crío, la abuela Lughia lo llevaba a la boca de las cuevas del Supramonte y le iba diciendo, a oscuras, el nombre viejo de cada galería. No le enseñaba geografía. Le enseñaba a reconocer un sitio por cómo suena el goteo, a estarse quieto y escuchar antes de dar un paso. «Calla, que el sitio te dice dónde estás», repetía la vieja, a la que en el barrio llamaban Tzia Lughia. Gavino tenía seis o siete años y no entendía la lección, pero se le quedó metida en el cuerpo. Su madre, Grazia, tejía en un telar de bajo lizo que ocupaba media casa, mantas y tapices de esos que se hacen en la Barbagia, y él se dormía de niño con el chac de la lanzadera yendo y viniendo. Ese ruido de trabajo pequeño y repetido lo ha acompañado toda la vida. Séuna entera sonaba así entonces, dice: telares, esquilas de los rebaños, la campana de la parroquia dando las horas. Ahora suena a menos cosas. Grazia sigue viva, mayor, cuidada por Rosaria, la hermana que se quedó; el otro hermano, Predu, se fue a Cagliari de joven y casi no vuelve.

V
CAP · 05 / 09

Los bronces de Mamoiada

El oído le viene del padre. Bachisio afinaba de oído los campanacci de bronce de los Mamuthones, las máscaras de Mamoiada, ahí al lado de Nuoro, esos cencerros pesados que suenan a carnaval por las calles del pueblo. Lo llevaba con él y le enseñaba a distinguir cuándo un bronce está muerto y cuándo canta. La primera vez que Gavino entendió que con aquel oído se podía ganar la vida fue en un taller lleno de sonajas de bronce, ayudando al padre a templarlas. De ahí a los relojes hubo un paso corto. Entró de aprendiz con el viejo relojero de la via Majore, que ya no veía de cerca y lo dejaba quedarse porque el chaval oía en las máquinas cosas que él había dejado de oír. Con diecinueve años arregló su primer reloj de oído, sin abrirlo del todo, solo diciendo dónde cojeaba; el maestro no se lo creyó hasta que destapó la máquina y le dio la razón. Cuando Bachisio murió, Gavino heredó el banco y un diapasón de bronce con el que el padre ponía a tono los cencerros. Todavía lo usa para templar el volante de los relojes. Es lo único suyo que se quedó.

VI
CAP · 06 / 09

Tela tejida a mano

A Bonaria la conoció en la fiesta del Redentore, vendiendo tela tejida a mano en un puesto, entre los trajes de colores y el gentío. Una orejuda sarda de su edad, de los suyos, algo casi imposible de encontrar en un sitio tan corto, donde todos se conocen desde crío y las parejas escasean. Teje a pibiones, con los relieves de la lana hechos punto a punto, y él, que se pasa la vida con lupa y pinzas, reconoce en su paciencia la suya propia. Tardó tres años en atreverse a decirle más de dos frases seguidas. Se casaron sin discursos, con pan carasau y vino de la casa, en el jardín de los padres. Veinticinco años después siguen sin coincidir despiertos casi nunca: ella teje de día, con la lanzadera chascando al otro lado del techo, y él baja al taller cuando ella apaga el telar. Se cruzan al alba y al anochecer, en la cocina, quince minutos y un café. El matrimonio vive ahí, en esos dos cruces del día. «La tela de tu madre y mis relojes hacen el mismo ruido, ¿lo has notado?», le dijo una vez a la hija. «Chac, tic. Chac, tic. Toda la casa suena a trabajo pequeño.» A Bonaria no le levanta la voz ni en broma. Sabe la suerte que tuvo de encontrarla, y no la da por hecha ni un día.

Biografía · Bloque 03 de 03 Oficio
Caps · VII–VIII–IX

Los relojes que nadie recoge.

VII
CAP · 07 / 09

El cajón del fondo

Hay un cajón, al fondo del taller, que Gavino no abre delante de nadie. Dentro están los relojes que sus dueños no volvieron a recoger. Un cliente deja una máquina a arreglar y se muere antes de pasar a por ella; Gavino la termina igual, la limpia, la pone en hora y la guarda ahí, «por si vienen». No vienen. En un pueblo que envejece, el cajón se ha ido llenando poco a poco de relojes de gente que ya no está. Cada noche, lo último que hace antes de subir a dormir es sacarlos uno a uno y darles cuerda para que no se paren. No los vende. No los devuelve a las familias, que ni saben que están ahí. No aguanta oír pararse un reloj que todavía puede andar. El más viejo del cajón es uno de bolsillo, de plata, de un pastor de Orgosolo que lo dejó para una limpieza y no volvió a bajar del monte; Gavino le ha cambiado ya dos veces la espiral rota para que siga latiendo. Bonaria lo pilló una madrugada, bajando por agua, dándoles cuerda a oscuras, con la oreja pegada a una de las máquinas. No preguntó de quién eran. Le dejó el café hecho y subió. Desde esa noche el cajón es un pacto callado entre los dos, de esos que se sostienen sin nombrarlos. Ella lo oye a las tres, algunas noches, y lo deja hacer.

VIII
CAP · 08 / 09

El autobús a Cagliari

Mariangela, la hija, es la única cría que tuvieron. De bebé se dormía con un móvil que le montó su padre con ruedas de reloj viejas, para que aprendiera a dormirse con un tic en vez de con una nana. Se fue a Cagliari a estudiar y a buscar trabajo, como casi todos los de su edad en la Barbagia, porque aquí no hay futuro para una joven de los suyos. Antes de que subiera al autobús, Gavino le abrió el reloj de pulsera, le cambió una junta gastada y le dijo «a bellu a bellu», despacio, despacio, que es lo que dice cuando no encuentra las palabras más grandes. Ahora Mariangela llama los domingos. Él refunfuña que no hace falta que llame para saber si su padre respira, y luego espera junto al teléfono desde media tarde, mirando el reloj de pared como si fuera a adelantar la hora. Cuando cuelga se queda un rato en la silla, sin bajar todavía al banco. En la Barbagia las cunas nuevas son pocas, y una que se va a la ciudad pesa el doble. Pero eso no lo dice. Baja, enciende el flexo, y se pone.

IX
CAP · 09 / 09

A bellu a bellu

Le encargaron restaurar el reloj parado de la torre de una parroquia del barrio, y una noche, después de meses de piezas mínimas y grasa vieja, lo puso en hora. A la mañana siguiente las campanas dieron la hora buena por primera vez en años, y por un rato el oficio callado de Gavino sonó para todo el pueblo a la vez. Le duró poco el orgullo, que le da apuro. Si alguien lo llama «el último relojero de la Barbagia», se ríe y cambia de tema, como quien esquiva un cumplido que le queda grande; se ve a sí mismo como un tío de noche que arregla relojes, y ya está. Pero a las tres de la madrugada, cuando Séuna duerme y él le da cuerda al cajón del fondo con el diapasón del padre encima del banco, sabe una cosa sin decírsela: mientras quede un reloj andando en su calle, el sitio no se ha parado del todo. Apaga el flexo. Sube despacio la escalera hacia el café que Bonaria le dejará por la mañana. Y mañana otra vez, a bellu a bellu, abrirá cuando el resto cierre.

> **Cita canónica:** Cada noche, antes de subir a dormir, Gavino les da cuerda a los relojes que sus dueños ya no vendrán a recoger, para que ninguno se pare.

§ 07 · Ficha de especie Plecotus sardus

Sobre el orejudo sardo.

Clasificación
  1. Animalia
  2. Chordata
  3. MammaliaMamíferos
  4. Chiroptera
  5. Vespertilionidae
Plecotus sardus
Sardinian long-eared bat (Plecotus sardus) in the wild
El animal real · Plecotus sardus Foto: Mauro Mucedda / Wikimedia Commons (CC BY 3.0)
Hábitat
Endémico exclusivo de Cerdeña; bosques mediterráneos de encina y alcornoque sobre terreno calcáreo, con refugios en cuevas del interior (Supramonte, Gennargentu).
Dieta
Insectívoro, sobre todo polillas, que caza al vuelo lento con ecolocalización de baja intensidad y escucha pasiva del sonido de la propia presa (gleaning).
Longevidad
Sin dato de longevidad publicado específico para la especie.
Peso
Hasta 9 g; cabeza y tronco de unos 45 mm.
Adaptación
Orejas enormes, de hasta 4,5 cm (casi tan largas como el cuerpo), con el trago más largo del género Plecotus (18-19,8 mm), para una audición finísima.
Récord
El único mamífero terrestre endémico de Cerdeña que sobrevive desde la llegada humana a la isla, hace unos 8.500 años; el resto de mamíferos endémicos sardos se extinguieron.

Estado de conservación

Global (UICN)
En peligro crítico
En su región
Cerdeña es la totalidad de su área de distribución mundial: global y regional coinciden.
Población
De unos 950 a unos 340 individuos en dos décadas (−63 %).

Amenazas principales

  1. cambio climático e incendios en las zonas de cría
  2. perturbación humana de las cuevas donde se refugia
  3. competencia con la paloma asilvestrada por los refugios
  4. pérdida de hábitat forestal (coníferas, pastos, urbanización)
Sin recuperación documentada; la tendencia sigue siendo de declive, aunque la investigación reciente ha localizado nuevos refugios.

¿Sabías que…?

01
Una especie descrita hace poco

Es una de las especies de mamífero de Europa descritas más recientemente, hace apenas dos décadas.

02
Orejas casi tan largas como el cuerpo

Sus orejas llegan a los 4,5 cm y tiene el trago —el saliente interior de la oreja— más largo de todo el género Plecotus.

03
El último endémico superviviente

Es el único mamífero endémico de Cerdeña que sigue vivo desde que llegaron los primeros pobladores, hace unos 8.500 años.

04
Un cazador que escucha

Caza polillas al vuelo lento, detectando el sonido diminuto de la presa más que gritando ecos.

05
Toda la especie en unas pocas cuevas

Toda la población conocida cría en apenas tres o cuatro cuevas del interior de Cerdeña.

06
Un nombre que es su isla

El epíteto «sardus» alude directamente a Cerdeña, el único lugar del mundo donde vive.

Preguntas frecuentes

¿Por qué se llama orejudo sardo?
Por sus orejas enormes, casi tan largas como el cuerpo, y porque es endémico de Cerdeña (sardus = de Cerdeña).
¿Dónde vive?
Solo en Cerdeña, en los bosques mediterráneos de encina y alcornoque del interior, refugiándose en cuevas.
¿Qué come?
Insectos, sobre todo polillas, que caza de noche al vuelo lento escuchando el sonido de la presa.
¿Está en peligro?
Sí: está catalogado En Peligro Crítico. Su población ha caído de unos 950 a unos 340 individuos en dos décadas (−63 %).
§ 08 · Conservación tres programas · verificados
Orejudo sardo

Ayuda a proteger esta especie.

Cada compra contribuye, pero la donación directa hace más. Tres ONGs con programas específicos verificados para esta especie.

Nº 01 / 03

Centro Pipistrelli Sardegna.

Centro per lo studio e la protezione dei pipistrelli in Sardegna

Grupo sardo de estudio y protección de los murciélagos de la isla, del equipo de Mauro Mucedda, codescubridor de la especie.

Donar a Centro Pipistrelli Sardegna
Nº 02 / 03

BatLife Europe.

BatLife Europe

Red europea de organizaciones dedicadas a la conservación de los murciélagos y sus hábitats.

Donar a BatLife Europe
Nº 03 / 03

IUCN SSC Bat Specialist Group.

IUCN SSC Bat Specialist Group

Grupo de especialistas en murciélagos de la UICN, responsable de las evaluaciones de la Lista Roja de estas especies.

Donar a IUCN SSC Bat Specialist Group
Animal Kinhood · 24 personajes

Veinticuatro nombres. Veinticuatro historias. Veinticuatro personalidades. Un mismo proyecto.

Catálogo completo · Drop 01 — Q3 2026 Explorar Animal Kinhood