El flexo al mínimo
La luz grande le cansa, así que abre el taller cuando el resto de Nuoro cierra y trabaja con el flexo bajado casi del todo, un círculo pequeño sobre el paño verde. Cruza la sala a oscuras sin tropezar, leyendo cada esquina por cómo suena. Cuando alguien se extraña de que no encienda el fluorescente, se encoge de hombros: «Con tanta luz no me entero.»







