Los nombres de las cuevas
De crío, su abuela Lughia lo llevaba a la boca de las cuevas del Supramonte, entre Oliena y Dorgali, y le iba diciendo a oscuras el nombre viejo de cada galería. No le enseñaba geografía: le enseñaba a reconocer un sitio por cómo suena el goteo. «Calla y escucha, que el sitio te dice dónde estás», repetía la vieja.







