El reloj de la torre
Le encargaron restaurar el reloj parado de la torre de una parroquia del barrio, y tras meses de piezas mínimas lo puso en hora. A la mañana siguiente las campanas dieron la hora buena por primera vez en años, y por un rato el oficio callado de Gavino sonó para todo Nuoro a la vez. Diagnostica las averías de oído, sin abrir la máquina hasta saber dónde cojea.







