El shophouse de George Town
César nació en un shophouse del barrio armenio de George Town, Penang. Su padre tenía el taller de orfebrería en la planta baja y la familia vivía arriba — una disposición que César repetiría veinte años después sin habérselo propuesto. El taller olía a bórax, a limaduras de plata y a café. A las cuatro de la tarde, después del colegio, César se sentaba en un taburete demasiado alto y miraba a su padre fundir, martillear, pulir. No le dejaban tocar las herramientas grandes hasta los nueve años. Para entonces ya distinguía oro de 916 del de 750 solo por el color.
Su madre llevaba las cuentas del taller por las noches. César la recuerda con un cuaderno de contabilidad y un bolígrafo rojo que mordía cuando los números no cuadraban.
A los once, su padre cerró el taller un viernes y no volvió el lunes. Se fue con una mujer de Ipoh. Dejó las herramientas, un lingote de ciento veinte gramos de oro y una nota que decía "cuida a tu madre". César no lloró. Bajó al taller, se sentó en el taburete de su padre y se quedó mirando las herramientas hasta que oscureció.
La madre vendió el shophouse tres meses después. Se mudaron a un piso alquilado en Butterworth, al otro lado del estrecho — un bloque de hormigón gris con vistas al puerto industrial. César cambió de colegio, perdió los amigos que tenía y empezó a caminar solo por las noches. Ese hábito no lo ha dejado.