El correo que sigue sin abrir
En su historia, un marchante de Singapur le escribió que su trabajo era arte, no artesanía, y le ofreció galerías, ferias y precios de otra liga. César leyó el correo tres veces y lo volvió a marcar como no leído. No le falta interés: decir que sí sería dejar de ser lo que es, y no sabe cómo se hace eso. Meses después, sigue sin responder, tranquilo, sabiendo dónde está a gusto. Esa certeza callada es más suya que cualquier vitrina.







