El taburete a oscuras
En su historia, César tenía once años cuando su padre cerró el taller un viernes y no volvió el lunes. Se había ido con una mujer de Ipoh y dejó tres cosas: las herramientas, un lingote de oro y una nota de tres palabras. César no lloró. Bajó al taller, se sentó en el taburete de su padre y se quedó mirando hasta que oscureció. La cara tranquila que creé de frente lleva ese día dentro, aunque en la lámina solo veas la calma.







