Tres meses en el suelo de una habitación
En su historia, César fundió aquel oro en el suelo de su cuarto, sin banco de joyero, con un soplete de camping y un ladrillo que pagó repartiendo periódicos. Tardó tres meses. La primera soldadura se partió a las cuatro horas; la segunda aguantó un día; la tercera se quedó. De ahí salió la cadena de eslabones planos que ves en el retrato, con un cierre que diseñó para ella y para ninguna otra. Enmarcada, esa historia callada cuelga entera de un solo clavo.







