Animal Kinhood Animales salvajes Vulnerable
12 min de lectura 9 capítulos Live · Wauchope
Cooper, Koala — retrato de Animal Kinhood por Yago Partal AK · 05 S 31°27′ E 152°44′ Cooper Wauchope, AU PHOTO ©YP · 2026
Animal Kinhood · Animales salvajes Nº 05 / 24 Episodio · Cooper
Phascolarctos cinereus

Cooper.

Koala

Cuidaos los unos a los otros, que somos los que quedamos.
Súmalo a tu Kinhood.Ya forma parte de tu Kinhood.
Biografía · Bloque 01 de 03 Koala
Caps · I–II–III

La historia.

I
CAP · 01 / 09

Las cuatro y cincuenta

El despertador suena a las cuatro y cincuenta y es lo peor del día. Cooper lo sabe cada mañana como se sabe una cuesta. El cuerpo le pide seguir durmiendo igual que pide aire. Se queda tres minutos sentado en el borde de la cama, los pies fríos en el vinilo, mirando la nada, mientras Dazza gruñe y se da la vuelta. Es un koala-Kin de metabolismo bajo, de los que duermen la mañana. «Que no soy vago», protesta él antes que nadie, «que soy de bajo consumo, que hay una diferencia.»

Luego el café lo resucita y sale a oscuras. El pueblo a las cinco es suyo: niebla baja sobre el río Hastings, las cacatuas todavía calladas, el olor del valle más fuerte que a ninguna otra hora —eucalipto frío, agua, algo de estiércol de las parcelas—. Saluda con dos dedos del volante a los otros tres coches que existen a esa hora: el panadero, una enfermera que sale de turno, el lechero. Veinte minutos al día es el rey de un reino vacío.

Wauchope, valle del Hastings, mid north coast de Nueva Gales del Sur. Nunca ha vivido fuera. Cero mudanzas en toda una vida.

II
CAP · 02 / 09

Un bramido de motor diésel

La emisora vive en el antiguo club de croquet, esquina de Bain y Cameron, con el césped todavía marcado en la hierba de delante. El cartel de 2WAY lo pintó a mano un voluntario y la W quedó un poco torcida. La puerta de mosquitera da un golpe seco al cerrarse: ese es el sonido con el que empieza su jornada.

Antes de nada, la primera taza. Café del de Bago Road, molido esa misma mañana, solo y casi hirviendo, en una taza de gres marrón con el esmalte saltado justo donde apoya el labio. Era de la Nan, su abuela. La agarra con las dos manos, como si pesara más de lo que pesa. Cinco minutos suyos, a oscuras, con el pueblo dormido, antes de encender el micro.

Entra susurrando —«morning»— y de ese cuerpo pequeño y redondo en camisa hawaiana sale un bramido de motor diésel que no le pega a la cara. Quien lo conoce solo por la radio se lo imagina el doble de grande. Locutor del breakfast en 2WAY, de seis a nueve, voluntario, sin cobrar un peso. Por la tarde reparte ferretería para pagar el alquiler, y esa doble vida le gusta: nadie en el mostrador sabría que la voz de la radio es la suya hasta que habla.

III
CAP · 03 / 09

Frío en el césped

Hay otro Cooper, y sale los sábados en el club de bolos. Sigue blando de voz, pero le entra una frialdad limpia: deja de bromear, mide el extremo en silencio y lee la curva de la bola tres jugadas por delante. «Esta os la dejo bonita. Tomaos vuestro tiempo, que yo tengo todo el del mundo.» Tira perfecto, te roba el extremo y suelta un «sorry, mate» con cero arrepentimiento. El más blando del pueblo es el más letal en la pista, y nadie se lo espera de él.

Es la territorialidad del koala saliendo por donde puede: su silla con la cinta americana en el reposabrazos, su taza, su franja del mostrador, las canciones que no pone. Debajo del peluche hay alguien que sabe exactamente quién se ha portado bien y quién mal en treinta años de distrito. Lo archiva. Sonríe igual.

Lo único que de verdad lo saca de su talante es la crueldad gratuita. El de Sídney que compró la casa de los Whitlock, echó a la familia, taló el gomero del jardín por la vista y ahora llama a la radio a quejarse del ruido de la emisora. Cooper no le discute. «En fin. Ponemos otra canción.»

Voiceline · cita canónica del personaje Cooper · Koala
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§ 04 · Objetos Ediciones abiertas · cotidianos
10 piezas · Impresión bajo demanda

Lleva a Cooper a casa.

Biografía · Bloque 02 de 03 Raíces
Caps · IV–V–VI

Las raíces.

IV
CAP · 04 / 09

El monte de detrás de la casa

De crío era el ruidoso de una camada grande. En una casa de muchos hermanos koala-Kin durmiendo siestas a todas horas, alguien tenía que hacer ruido para que pasara algo en el día, y le tocó a él: narraba la cena, narraba el partido por encima del comentarista de la tele.

La abuela lo sacaba al monte de detrás de la casa y le iba diciendo los nombres de los árboles. Este es tallowwood. Este, grey gum. Este de aquí, swamp mahogany, que de ese hablaban los viejos como de un manjar. Era su manera de enseñarle a contar los seres con nombre del valle, uno por uno, como quien pasa lista. La misma cuenta, mucho antes de que hubiera libreta.

Cuando ella murió, de vieja, en su cama —que en este pueblo ya es casi un lujo—, le dejó la taza. Cooper jura que su voz de antena, la que retumba, «es la de la Nan en grande». No lo lleva como herida, sino como una ausencia que abriga: cada nombre que lee bien al aire lo dice como ella le enseñó a despedir. La conversación sigue, solo que ahora la lleva él.

V
CAP · 05 / 09

El turno que nadie quería

Empezó a rondar el estudio de 2WAY de adolescente, no por sueño de locutor, sino por algo más físico: dentro había gente hablando a un micrófono, y a él hablar le salía como respirar. Llevaba té, enrollaba cables, aprendió a no toser cerca del micro abierto y a leer el reloj de pared, que manda sobre todo. Lo dejaban quedarse porque su vozarrón hacía reír a los voluntarios viejos.

Un día uno que se jubilaba le pasó los auriculares sin ceremonia. «Toma, chaval, a ver qué haces con esto.» Y le dejó la madrugada, el turno que nadie quería. Con dieciséis, diecisiete años hacía las tres, las cuatro, las cinco de la mañana, poniendo discos para camioneros y para nadie.

Ahí aprendió una cosa que no se le ha ido: hablarle a gente que no ves, que no te contesta, que igual ni te escucha, no es estar solo. Es estar acompañado a oscuras. Sigue usando esos mismos cascos, la diadema agrietada envuelta en cinta aislante —de la que siempre hay a mano en un pueblo de reparto y con un marido manitas—. Se los pone y la voz se le coloca sola.

VI
CAP · 06 / 09

La cuenta empezó por vergüenza

Hace unos doce años le dieron la franja del brekkie, de seis a nueve, la que escucha todo el pueblo. Fue su única promoción de verdad, y casi se asustó del cariño. Entre canción y canción lee el parte del tiempo, los cumpleaños, los avisos de la parroquia y, al final, bajito, los nacimientos y las esquelas del distrito.

La cuenta empezó por vergüenza, no por causa. Una mañana leyó dos esquelas seguidas sin saber que eran madre e hijo de la misma camada. La viuda lo llamó después, dolida pero amable, con una paciencia que dolió más que un grito. Esa noche apuntó los dos nombres en una libreta para no volver a confundirlos. La libreta se quedó.

Sin proponérselo, empezó a apuntar también los nacimientos, en la otra columna. Y un año, pasando páginas, se dio cuenta de que las esquelas iban ganando. No por mucho —un puñado al año—, pero ganaban, y con constancia. La abuela ya le había dado el número de cría, sin que él lo entendiera entonces: «éramos tantos que no podías tirar una piedra sin darle a un primo». Es, probablemente, el único del distrito que lo sabe con nombres, porque es el único que lee las dos listas en voz alta cada semana. No lo dice nunca.

Biografía · Bloque 03 de 03 Oficio
Caps · VII–VIII–IX

El presente.

VII
CAP · 07 / 09

El nombre entero de la Nan

Lee la esquela como leería un cumpleaños, con la misma calidez, despacio, para que la voz no le tiemble. «Despacio, que el apellido se merece que lo diga bien. Descansa, amigo. Lo hiciste bien.» Es la disciplina entera: sentirlo por dentro, entregarlo cálido por fuera, no cambiar el tono ni cuando el nombre le pesa.

El día que se murió la abuela, la anotó con el nombre completo, sin abreviar. Es lo único que ha escrito entero en años de columna a rayitas. A la mañana siguiente leyó su esquela igual que las demás, y nadie en Wauchope supo que era suya. Volvió a casa y Dazza le había dejado una hoja de gomero fresca en su lado de la cama.

Es una costumbre vieja del Hastings: cuando muere uno, los vecinos dejan una hoja de gomero en el porche de la familia, sin llamar, sin entrar. Cooper leyendo las esquelas a las siete de la mañana es esa misma hoja, puesta por todos a la vez. Y al revés: si repartiendo ve una cinta de eucalipto nueva en un buzón —una cría que ha nacido—, se baja de la furgo solo para anotarla esa noche en la columna buena, antes incluso de que la clínica se lo diga.

VIII
CAP · 08 / 09

La libreta que Dazza no abre

Está en el cajón de la mesilla del granny flat, debajo de los cables del cargador. Una libreta de espiral, tapa roja, marca Spirax, de las que venden en el servo; se la lleva del curro de día y la usa solo para esto. Dos columnas a boli: la izquierda, los que nacen; la derecha, los que se van. No pone totales. Se niega a sumar el total a propósito, y lo sabe solo por cuál de las dos tintas se le gasta antes. Saber a medias, como un acto de piedad consigo mismo.

Dazza sabe que la libreta existe y no la ha abierto nunca. Es el único pacto serio de diez años de matrimonio, y no se ha hablado en voz alta.

No lo cuenta porque contarlo lo convertiría en el koala triste del pueblo en peligro, y él quiere ser el tío de la radio que te alegra el desayuno. La cuenta es privada precisamente para que su alegría en antena sea de verdad y no una actuación. Cuando alguien en el pub se pone trágico —«se nos acaba el pueblo»—, Cooper corta con una sonrisa: «Ya, ya, Macca, muy triste todo. ¿Vas a tirar tú o lo hago yo y te gano otra vez? Que pa funeral ya tengo el domingo.»

IX
CAP · 09 / 09

La voz de enero

Dazza. Darren para su madre, Daz en casa, Dazza cuando lo nombra en antena. También koala-Kin, lo cual en un pueblo que mengua no es poca cosa: encontró a uno de los suyos. Profe de carpintería en el TAFE de Port Macquarie, le construyó el deck y los estantes de la franja, y se pican como deporte, koala contra wombat: «al menos yo no cavo agujeros en el jardín.» Viven de alquiler en un granny flat de fibro y chapa que Cooper llama el cobertizo de lujo. «Pobre de cartera, de vida voy sobradísimo», dice sin una pizca de ironía.

En verano la voz le cambia. Le sale una pizca más honda al dar los buenos días, las agujas del medidor se le van al rojo, y un voluntario aprendió a bajarle la ganancia en enero sin saber por qué. Se pone más territorial con la silla, más pegajoso en casa. Él lo achaca al calor: «Será el calor, mate. Será eso.» Nunca lo conecta con nada más, y el no-saber forma parte de cómo es. Dazza es el único que lo nota —«te sale la voz más grave en enero, ¿lo sabías?»—; se quedó en blanco, se rió y cambió de tema. Esas semanas Dazza le pone más la mano en la nuca y no pregunta.

Cierra cada mañana con la misma frase, en tono de hasta mañana cualquiera: cuidaos los unos a los otros, que somos los que quedamos. Nadie en Wauchope sabe que lo dice en serio. Él tampoco lo admitiría. Luego apaga las luces, sale vaciado a las nueve y se va a dormir la mañana. La última imagen del día suele ser el cajón de la mesilla, que no abre. Café y a darle.

> **Cita canónica:** No suma nunca el total: lo sabe por el grosor de las páginas, y a la mañana siguiente da los buenos días igual de cálido.

§ 07 · Ficha de especie Phascolarctos cinereus

Sobre el koala.

Clasificación
  1. Animalia
  2. Chordata
  3. MammaliaMamíferos
  4. Diprotodontia
  5. Phascolarctidae
Phascolarctos cinereus (Goldfuss, 1817)
Un koala real (Phascolarctos cinereus) sentado en la rama de un eucalipto, mirando a cámara: fotografía de referencia de la especie.
El animal real · Phascolarctos cinereus Foto: Tarryn Grignet / Unsplash
Hábitat
Bosques de eucalipto y arbolado costero del este de Australia; en el valle del río Hastings (NSW) para Cooper.
Dieta
Especialista: hojas de eucalipto (selecciona ~30 de más de 600 especies), muy bajas en energía y tóxicas para casi cualquier otro animal.
Longevidad
Unos 13-18 años.
Peso
4-15 kg; 60-85 cm de largo.
Adaptación
Un ciego (cecum) enorme le deja digerir la hoja tóxica de eucalipto; y tiene huellas dactilares casi idénticas a las humanas.
Récord
El macho brama mucho más grave de lo que su tamaño promete (un par extra de pliegues velares); duerme hasta ~20 horas al día.

Estado de conservación

Global (UICN)
Vulnerable
En su región
En peligro (Endangered) en Queensland, Nueva Gales del Sur y el Territorio de la Capital Australiana — listado conjunto bajo la EPBC Act desde el 12 de febrero de 2022 (antes Vulnerable). Cooper vive en esa franja.
Población
Las estimaciones varían muchísimo según el método y quién cuente. La Australian Koala Foundation calcula menos de ~64.000 koalas salvajes (quizá bajo 40.000); la elicitación de expertos del Gobierno australiano (2022) los situó en torno a ~329.000 con caídas regionales fuertes. La cifra exacta es incierta; lo que no se discute es que las poblaciones del este de Australia están en declive.
Ver la ficha en la Lista Roja de la UICN

Amenazas principales

  1. Pérdida de hábitat: tala de bosques de eucalipto por la expansión urbana en la costa este.
  2. Cambio climático: sequías que restan valor nutritivo a la hoja, olas de calor e incendios.
  3. Enfermedad: la clamidia afecta con fuerza a poblaciones de Nueva Gales del Sur.
  4. Atropellos y perros en las zonas donde el bosque se mezcla con las casas.
Programas de protección de hábitat y reforestación de gomeros, el Koala Habitat Atlas de la Australian Koala Foundation y la iniciativa Koalas Forever de WWF-Australia (meta: duplicar los koalas para 2050).

¿Sabías que…?

01
Una voz imposible para su tamaño

El koala macho tiene un órgano vocal extra —un par de pliegues velares fuera de la laringe— que le deja bramar a una frecuencia hasta veinte veces más grave de lo que su cuerpo pequeño permitiría: un sonido más propio de un animal del tamaño de un elefante (Charlton et al., 2013). En Cooper ese bramido es su vozarrón de locutor.

02
Huellas dactilares como las nuestras

Los koalas tienen huellas dactilares —bucles, arcos y espirales— tan parecidas a las humanas que al microscopio cuesta distinguirlas. Es un caso de evolución convergente para agarrarse a las ramas (investigación de la Universidad de Adelaida).

03
Dos pulgares en cada mano

La mano delantera del koala tiene DOS dedos oponibles (el primero y el segundo, frente a los otros tres). Con esa doble pinza se agarra a las ramas con una firmeza que no se le escapa ni dormido.

04
De bajo consumo

Duerme hasta unas 20 horas al día. No es pereza: la hoja de eucalipto da tan poca energía que su cuerpo baja el ritmo al mínimo para vivir de ella. Cooper lo resume mejor: «soy de bajo consumo, que no es lo mismo».

05
Marsupial, no oso

El koala no es un oso: es un marsupial, pariente del wómbat, y su cría —el joey— se termina de criar dentro de la bolsa de la madre antes de asomarse al mundo.

06
La amenaza invisible

Más allá de la tala y el fuego, la clamidia golpea con dureza a poblaciones enteras de koalas en Nueva Gales del Sur: infecciones que causan ceguera e infertilidad y aceleran el declive de la especie.

Preguntas frecuentes

¿El koala está en peligro de extinción?
Más de lo que su fama de peluche hace pensar. La UICN lo considera Vulnerable en todo el mundo, y en la costa este de Australia —Queensland, Nueva Gales del Sur y el Territorio de la Capital— está listado como En peligro desde 2022. Le caen encima la tala del eucalipto, los incendios, la sequía y una epidemia de clamidia que deja ciegas y estériles a poblaciones enteras. Cooper vive justo en esa franja, y por eso su historia va, de fondo, sobre cuidar a los que quedan.
¿El koala es un oso?
No, aunque medio mundo diga «oso koala». Es un marsupial, primo del wómbat: la cría, el joey, termina de hacerse dentro de la bolsa de la madre antes de asomar la cabeza. Esa carita de peluche engaña; por dentro es un animal bastante más raro de lo que aparenta.
¿Por qué el koala macho brama tan grave?
Porque tiene un órgano de más para la voz: un par de pliegues fuera de la laringe que le dejan bajar el tono hasta veinte veces por debajo de lo que le tocaría por tamaño. De un bicho que te cabe en los brazos sale un bramido de motor diésel. Fue lo primero que me atrapó de él, y de ahí salió que Cooper acabara siendo locutor de radio.
¿De verdad los koalas tienen huellas dactilares como las nuestras?
Sí, y es de lo más desconcertante del animal. Tienen bucles, arcos y espirales tan parecidos a los humanos que al microscopio cuesta distinguirlos, y eso que no somos parientes cercanos: la evolución dio con el mismo truco por su cuenta para agarrarse a las ramas. En teoría, un koala podría dejar huellas en la escena de un crimen.
¿Cuánto duerme un koala y por qué?
Hasta unas veinte horas al día, y no es por vago. La hoja de eucalipto da tan poca energía —y encima es tóxica para casi cualquier otro animal— que el koala pone el cuerpo al ralentí para poder vivir de ella. Cooper lo resume mejor que yo: «soy de bajo consumo, que no es lo mismo».
¿Qué come el koala?
Casi solo hoja de eucalipto, y ni siquiera de cualquier tipo: elige una treintena de especies entre las más de seiscientas que existen. Es tan especialista que esa dieta es a la vez su superpoder y su talón de Aquiles: si le quitas su árbol, no tiene plan B. Ahí está buena parte de por qué le va tan mal cuando desaparece el bosque.
¿Dónde viven los koalas?
En los bosques de eucalipto y el arbolado costero del este de Australia. Cooper es del valle del río Hastings, en Nueva Gales del Sur: un koala de pueblo, de toda la vida en el mismo sitio. No es animal que migre —nace, vive y muere pegado a sus árboles—, y por eso le duele tanto cuando esos árboles no están.
¿Quién es Cooper?
Cooper es un koala de Animal Kinhood, mi serie de animales que visten y viven como personas. En su historia pone voz al programa de desayuno de la radio de su pueblo, en la costa este de Australia: madruga, saluda al valle con ese vozarrón y está pendiente de todo el mundo. Camisa hawaiana, taza que no le presta a nadie y una calma que se pega.
¿Cooper está basado en un koala real?
El personaje es inventado —la voz, el oficio, la camisa, todo sale de mi cabeza—, pero el animal es koala hasta la médula y todo lo que cuento de su biología es real y está verificado. Me gusta que quien se encariña con el personaje acabe sabiendo cosas ciertas del bicho: media gracia de Animal Kinhood está justo ahí.
¿Qué es Animal Kinhood?
Es la serie en la que llevo años retratando animales como si fueran personas de su especie: con su ropa, su oficio, su carácter y su sitio en el mundo. Cada uno vive donde vive el animal real y arrastra, sin soltarte un sermón, la historia de cómo le va a su especie. Cooper es uno de ellos.
¿Los retratos son fotos reales o están hechos con IA?
Son obra digital. No fotografío animales disfrazados ni los pinto: construyo cada retrato en el ordenador con herramientas digitales —también generativas— que dirijo yo de principio a fin, eligiendo especie, ropa, luz y expresión hasta que queda exactamente como lo tengo en la cabeza. La idea, la selección y el acabado son míos; la máquina es un pincel más.
¿Cómo puedo ayudar a los koalas?
Apoyando a quien está en el terreno. La Australian Koala Foundation mantiene el mapa de hábitat del koala y pelea por protegerlo, y WWF-Australia lleva su iniciativa Koalas Forever, con la meta de duplicar su número para 2050. Tienes los enlaces aquí mismo, en la sección de conservación de esta página.
§ 08 · Conservación dos programas · verificados
Koala

Ayuda a proteger esta especie.

Cada compra contribuye, pero la donación directa hace más. Dos ONGs con programas específicos verificados para esta especie.

Nº 01 / 02

Australian Koala Foundation.

Australian Koala Foundation (AKF)

La principal ONG dedicada al koala; mantiene el Koala Habitat Atlas y publica las estimaciones de población más citadas.

Donar a Australian Koala Foundation
Nº 02 / 02

WWF-Australia.

WWF-Australia · Koalas Forever

Trabajo de conservación del koala con la iniciativa Koalas Forever, cuya meta es duplicar el número de koalas para 2050.

Donar a WWF-Australia
Animal Kinhood · 24 personajes

Veinticuatro nombres. Veinticuatro historias. Veinticuatro personalidades. Un mismo proyecto.

Catálogo completo · Drop 01 — Q3 2026 Explorar Animal Kinhood