Las huellas en el barro
En su historia, César sube los domingos en moto a un bosque a las afueras de la ciudad, donde termina el asfalto y empiezan los árboles gigantes. Un domingo encontró en el barro unas huellas frescas: la almohadilla marcada, sin rastro de garras. Un leopardo negro salvaje, uno de su misma especie, había pasado por ahí horas antes. Se agachó y las miró diez minutos, quieto. No sacó el teléfono. Vuelve semana tras semana y nunca lo ha visto; cada vez, huellas en un sitio distinto. El otro lo esquiva con la misma elegancia con la que él esquiva a la gente.







