Harimau kumbang
En malayo, la pantera negra se llama *harimau kumbang*. Literalmente: tigre abejorro. El nombre viene del color negro del insecto, pero en el folklore malayo la palabra carga más peso que una descripción. Ver un harimau kumbang en el bosque es señal de que el ecosistema está sano. Matarlo trae desgracia. Durante generaciones, las comunidades de la península trataron a la pantera negra como espíritu guardián — algo que está ahí, que observa desde la espesura, que no necesita ser visto para que se note su presencia.
César, pantera negra, lleva ese nombre sin saberlo del todo. Vive en Petaling Jaya, a veinte minutos en moto de los bosques de FRIM — el Forest Research Institute Malaysia, donde las dipterocarpáceas gigantes y los helechos arborescentes empiezan exactamente donde terminan las gasolineras y los talleres mecánicos de la periferia de Kuala Lumpur. Los domingos recorre senderos entre helechos arborescentes y cigarras. Una vez encontró huellas de leopardo frescas en el barro: almohadilla trilobular, garras retráctiles no visibles. Un melanístico salvaje había pasado por ahí horas antes. Se agachó, miró las huellas diez minutos, no sacó foto. Volvió la semana siguiente. Y la siguiente. Nunca lo ha visto. Pero cada vez, huellas en sitios distintos. El animal lo evita con la misma elegancia con la que César evita a la gente que no ha invitado.







