Los cuadernos de Dosso
Ayana creció en Dosso, hija de una profesora de primaria y un funcionario de correos. Familia zarma, musulmana no estricta, casa amplia con patio donde vivían también su abuela paterna, una tía y tres primos. Haoua, la abuela, contaba historias cada noche. No cuentos: historias reales. La sequía del 73. Las jirafas que volvieron a Kouré cuando ella era joven. Los nombres de los vecinos que se fueron y los que se quedaron. Ayana escuchaba sin interrumpir, y a los once empezó a apuntarlas en cuadernos Clairefontaine que todavía guarda.
Cuando Haoua murió, Ayana tenía doce años. Le dejó unos pendientes de gota con piedra roja —granate, quizá vidrio artesanal de Agadez— que son lo único que lleva siempre. Los cuadernos pasaron de pasatiempo a otra cosa. Algo que no tenía nombre pero que tiraba hacia dentro.