Voces
Cuando Bibata empezó a hablar, Ayana sabía que tenía que grabar sin interrumpir. Bibata tenía entonces setenta años —hoy tiene setenta y ocho— y era matrona de una de las comunidades de Kouré, a sesenta kilómetros al sureste de Niamey. No hablaba francés. Hablaba zarma y fulfulde. Ayana la entrevistó en zarma, su propia lengua materna, y lo que salió fue la primera narración completa de cómo las jirafas volvieron a Kouré contada desde la perspectiva de las mujeres de la comunidad. No la versión de los biólogos. No la de las ONG. La de las abuelas que vieron a las jirafas regresar al pozo.
Bibata contó la sequía, la caza, el acuerdo entre la comunidad y los conservacionistas, las primeras crías nacidas bajo protección comunitaria. Describió cómo una jirafa joven bebió agua del pozo comunitario por primera vez en años, y lo que eso significó para las mujeres que cargaban agua cada mañana. Cuando Ayana presentó esa grabación en un congreso en Uagadugú, el auditorio se quedó en silencio. No era cortesía. Era la voz de alguien que había visto algo que casi nadie documentó en su momento.
Doce años de proyecto. Ciento ochenta horas de testimonios. Y la grabación de Bibata sigue siendo la pieza que cambia la cara de quien la escucha.







