Dos lentes y un tubo de fontanería
En su historia, no podía pagar un telescopio, así que se hizo uno: dos lentes de unas gafas viejas, un tubo de PVC de fontanería, cinta y meses de paciencia en la azotea, de noche, alineándolo a base de prueba y error hasta que la Luna dejó de bailar y salieron los cráteres. Aquel tubo torpe fue su primer instrumento de verdad, y sigue funcionando de madrugada en su azotea de Niamey. Aprendió sola, con libros prestados, sin que nadie le diera un curso.







