Al cuenco cada noche
Lo único que Ayana lleva siempre son unos pendientes de gota con una piedra roja, montura dorada. Se los dio su abuela Haoua un día cualquiera, cuando tenía doce años; no hubo funeral detrás, la abuela sigue viva en Dosso y todavía le pregunta por teléfono qué se ve. En un mismo objeto lleva puestas a las dos: la abuela y el cielo. Cada noche, antes de dormir, se los quita y los deja en un cuenco de cerámica junto a la cama; cada mañana se los pone antes de salir. Cuando algo la aprieta, baja la mano y se los toca.







