¿Y eso quién lo puso ahí?
En su historia, una noche montó el telescopio delante del edificio y dejó que los críos del barrio miraran por turnos: primero los cráteres de la Luna, después los anillos. Uno, con el ojo pegado al ocular, preguntó: ¿y eso quién lo puso ahí? Ayana se rió con toda la cara, la primera vez en semanas que se reía así. Nadie, cariño. Lleva ahí desde mucho antes que tú y que yo. Lo hace cada mes que puede; son sus mejores noches.







