Una línea por cada noche clara
Hacia los treinta empezó su propia carta del cielo: un cuaderno donde apunta, cada noche despejada, la fecha y lo que vio, una línea, y se acuesta. Cruza referencias entre salidas de años distintos como quien cruza caminos de tierra en la sabana: la misma estrella un poco corrida, un objeto que estaba y esta vez no. No aspira a nada grande; registra, terca y a mano, el cielo sobre Niamey. Lleva la cuenta de lo que ha visto, con la fecha al lado, para no engañarse sobre cuánto cielo ha mirado de verdad.







