Aquella que no titila
En su historia, el asombro le viene de una azotea de Dosso. De niña, las noches despejadas, su abuela Haoua la subía por la escalera de fuera y le iba nombrando el cielo: aquella que no titila es un planeta, aquel cinturón de tres es un solo dibujo, ésta sale siempre por el mismo sitio. No sabía una palabra de astronomía; no le enseñaba astronomía. Le enseñaba a levantar la cabeza y a no dar el cielo por sabido. Haoua tiene ochenta y seis años, sigue en Dosso, y cuando hablan por teléfono es ella la que pregunta qué se ve estos días.







