Un zorro para las cuatro de la mañana
En su historia, Otto empieza en la planta cuando el norte de Noruega aún está a oscuras, y su forma de querer a la gente es no decirlo: deja un tupper de sopa en la nevera común sin nota, sin esperar que nadie le dé las gracias. Lo aprendió de un veterano que hizo eso mismo por él cuando peor estaba, y lo copia desde entonces.
El frío enseña a escuchar, piensa Otto, y todo lo demás es ruido. Esta taza lleva su retrato, de frente, con el jersey de rayas. La tuya, para el primer café del día.







