Querer sin decirlo
Lo que hace especial a Otto no se ve en el retrato, pero está detrás de esa calma. En su historia cuida a la gente de su edificio a base de gestos: deja algo de comer en la taquilla del otro, arregla lo que se ha roto sin decir que ha sido él, aparece cuando hace falta y se va. Nunca lo dice en voz alta, porque cree que el cariño en voz alta pierde su verdad. Llevar puesto a ese zorro es llevar esa manera de estar: presente, sin alardear.







