El callado que no es borde
En su mundo, al zorro ártico se le tiene por el pueblo callado del norte: reservado, resistente, de pocas palabras y menos quejas. Otto encarna esa fama y a la vez la desmonta, porque su silencio no viene de frialdad ni de pasar de la gente, sino de un oído que capta demasiado y una cabeza que prefiere mirar antes que hablar. Para alguien que empieza a saber quién es y qué le gusta, un zorro que no imita a nadie y no necesita llamar la atención es buena compañía en una camiseta.







