El rato en que nadie pide nada
La taza es de cerámica blanca, con el interior y el asa en amarillo dorado, del mismo tono que el jersey de Olwen. Con el té dentro, ese amarillo asomando por el borde parece más una yema de huevo que un esmalte. Son 11 oz, unos 325 ml, lo justo para una infusión larga sin mirar el reloj.
Olwen es de té. Por Navidad su hermana le manda del bueno desde la ciudad, y ella le devuelve lana. Un intercambio tranquilo, de dos que se entienden sin llenar los silencios.







