Aprender mirando, sin apuntes
A Olwen no le enseñaron el oficio en ninguna clase. Se lo enseñó un vecino mayor del valle, Emrys, del modo antiguo: la dejó mirar, luego le puso la herramienta en la mano, y se quedó al lado corrigiendo con dos frases, "más abajo, más tumbado". Nada de teoría. Mirar, repetir, equivocarse, volver a probar. A los dieciséis ya hacía sola tramos enteros, y a los diecisiete iba ella por delante y Emrys detrás, encontrándole cada vez menos que corregir. Esa forma de aprender, la de las manos antes que la de los libros, tira de quien se pone esta camiseta juvenil de liebre.







