Un no que no necesita adornos
El retrato es sobrio: una liebre de orejas largas recogidas por una cinta ancha, el cuello alto subido, la mirada de frente. Nada de aspavientos. La creé así, sin escenario, para que en una camiseta se lea de un vistazo lo que es: alguien que no se anda con rodeos.
Y ahí está su encanto. Olwen da el precio, lo repite una vez si hace falta, y no vuelve sobre ello. En el pueblo hay quien la evita por eso, aunque la mayoría acaba respetándola. Hay gente que se hace entender sin subir el tono ni una vez, que marca la raya y la mantiene sin drama. Esa firmeza serena es la que llevas puesta.







