Animal Kinhood Animales salvajes En peligro crítico
12 min de lectura 9 capítulos Live · Whenua Hou
Retrato frontal de Kiri, una kakapo de mediana edad, con chaqueta de sastre verde salvia, pañuelo de flores rosas anudado al cuello y un broche de perlas en forma de flor en la solapa izquierda, sobre fondo liso verde azulado. AK · 30 S 46°46′ E 167°38′ Kiri Whenua Hou, NZ PHOTO ©YP · 2026
Animal Kinhood · Animales salvajes Nº 30 / 30 Episodio · Kiri
Strigops habroptila

Kiri.

Kakapo

No hace falta que sea esta noche. Tú avisa.
Súmalo a tu Kinhood.Ya forma parte de tu Kinhood.
Biografía · Bloque 01 de 03 Kakapo
Caps · I–II–III

Doscientos treinta y cuatro nombres.

I
CAP · 01 / 09

La lista se la sabe entera

Kiri es matrona en Whenua Hou, una isla de catorce kilómetros cuadrados frente a la costa de Rakiura, en el extremo sur de Nueva Zelanda. Atiende los partos del pueblo kakapo, y el pueblo kakapo entero —el del mundo entero, no el de la comarca— no llega a las trescientas personas.

Cuando alguien de fuera le pregunta a cuánta gente atiende, ella contesta con el número exacto. Doscientos treinta y cuatro. Si el visitante insiste, extrañado, Kiri añade que se sabe la lista entera, con los nombres, y que eso no tiene ningún mérito. Tampoco lo tiene: cuando un pueblo cabe en un cuaderno, saberse los nombres es sencillamente cómo se lleva la cuenta.

Lo que sí tiene consecuencias es lo otro, lo que el visitante nunca acaba de entender del todo. Cada persona que nace en esa isla cambia el censo de un pueblo completo. No el de un valle ni el de una región. El de una especie.

Kiri lo sabe desde siempre y jamás lo diría con esas palabras, porque le sonaría a discurso. En lugar de eso se pone la chaqueta, coge el maletín y sale.

A los de su pueblo se les tiene por lentos, raros y un poco de museo, gente a la que hay que cuidar antes que gente con la que contar. A Kiri le molesta bastante menos el desprecio que la compasión. Cuando alguien de fuera habla de los suyos en ese tono, contesta con datos y en un tono neutro que corta más que la brusquedad.

II
CAP · 02 / 09

Lo que enseñó Hine sin decir una palabra

Nació en otra isla. A los nueve años la subieron a un barco con doce personas más y la bajaron en Whenua Hou; nadie le explicó por qué, porque la explicación era demográfica y ella tenía nueve años. Recuerda el olor del motor y que su madre no soltó la caja en toda la travesía.

Su madre se llamaba Hine y era la matrona de antes. A los catorce Kiri empezó a acompañarla, y durante mucho tiempo su trabajo consistió en sostener la luz y estarse callada.

Tardó dos años en darse cuenta de que Hine le pasaba los instrumentos en el orden equivocado. No por despiste: siempre el orden equivocado, siempre a propósito, para que la hija tuviera que adivinar cuál tocaba y anticiparse. Cuando Kiri lo entendió, no dijo nada. Siguió sosteniendo la luz.

No recuerda una sola conversación en la que su madre le explicara algo del oficio. Ni una. Y sabe todo lo que sabe por ella.

A los diecinueve, Hine llegó tarde a un parto y Kiri lo resolvió entera, sola, con las manos temblándole solo al final. Cuando su madre entró por la puerta, miró la escena, no dijo nada y se sentó en una silla del rincón. Ese silencio fue el título. No hubo otro.

III
CAP · 03 / 09

El broche de Marama

La abuela se llamaba Marama y llevaba prendido un broche de perlas en forma de flor, incluso para dormir. Decía que era por no perderlo, lo cual no explicaba nada y a nadie le pareció raro.

Cuando Marama murió, el broche fue para Kiri. Nadie se lo había prometido, no hubo carta ni conversación previa, y aun así apareció encima de sus cosas la mañana del entierro. Se lo prendió del lado izquierdo ese mismo día para salir a trabajar, y desde entonces no ha salido de casa sin él ni una sola vez.

Lo lleva sobre una chaqueta de sastre verde salvia, de buen paño y ya con brillo en los codos, que estrenó para un traslado oficial entre islas. Aquel día descubrió que la gente la escuchaba distinto cuando iba así vestida, y desde entonces trabaja con ella. Al cuello se anuda un pañuelo de flores rosas, lo único con color de todo su armario. Fue de su hermana Awhina, que murió joven, en un año malo. Kiri no cuenta esa historia y nadie de la isla se la pide.

Le queda un hermano, Tama, que vive en Pukenui, al otro lado del agua. Se ven poco y se escriben menos. Cuando el rimu carga, él baja a la costa, y ella lo sabe sin que se lo digan.

Voiceline · cita canónica del personaje Kiri · Kakapo
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§ 04 · Objetos Ediciones abiertas · cotidianos
10 piezas · Impresión bajo demanda

Lleva a Kiri a casa.

Biografía · Bloque 02 de 03 Raíces
Caps · IV–V–VI

Los años en que no nace nadie.

IV
CAP · 04 / 09

El cuaderno de tapas duras

El registro de nacimientos del pueblo lo lleva ella, en un cuaderno de tapas duras que no cierra con goma. Una página por año, el año escrito arriba a mano.

Hay páginas enteras en blanco. El año arriba, y debajo nada.

No son descuidos ni años que se le olvidara anotar. Son los años en que no nació nadie. El pueblo kakapo solo cría cuando el rimu carga fruto, y el rimu carga cada dos, cada tres, a veces cada cuatro años. En los años intermedios el censo de nacimientos de la isla es cero. Cero literal, no cero redondeado.

Kiri no arranca esas páginas. Escribe el año arriba, comprueba que no hay nada que apuntar y pasa a la siguiente.

Hace un par de años le pidieron revisar el registro entero y encontró dos nombres duplicados de hacía treinta. Corregirlo le llevó una tarde y le quitó el sueño una semana: durante treinta años el pueblo se había creído dos personas más grande de lo que era.

En el cuaderno tampoco constan los huevos que no salen adelante, y son muchos. Es la herencia de haber sido poquísimos durante demasiado tiempo, y no hay culpa de nadie en ello. Kiri se lo explica a las primerizas con una frialdad deliberada, para que ninguna lo cargue como un fracaso propio.

V
CAP · 05 / 09

La ronda

Sale al oscurecer, porque su jornada es de noche y desayuna a las cuatro de la tarde. Los de otras islas que vienen a verla llegan siempre a la hora equivocada, y ella nunca se lo dice.

La ronda es siempre la misma. Baja por el camino de la punta, pasa por delante de las casas donde hay alguien en edad de criar, no entra en ninguna, no llama a ninguna puerta, da la vuelta y vuelve. Se orienta sin luz y le cuesta explicar cómo. Lleva en el maletín una lámpara pequeña que casi nunca enciende, y cuando alguien enciende una de golpe se queda quieta un momento antes de seguir.

Se acerca mucho a la gente al hablar, más de lo que en otras islas se considera cómodo, y en cambio toca poco. Sabe quién ha estado en una habitación antes de entrar, y si alguien está enfermo suele saberlo antes de tocarlo. Nunca ha llamado olfato a eso. Lo llama tener ojo, y le sorprende sinceramente que los demás no lo tengan; ha llegado a sospechar que disimulan.

En los años en que no nace nadie hace exactamente la misma ronda. Con la chaqueta puesta, con el broche, con el maletín cerrado. Lo revisa entero cada semana aunque lleve dos años sin abrirlo: hervir, secar, colocar. Le faltan dos cierres, era de Hine y no lo cambia. Si se le pregunta por qué sigue saliendo cuando no hay nadie a quien atender, contesta que por si acaso, y cambia de tema.

VI
CAP · 06 / 09

El año movido

Ella lo llama así: el año movido. Los años en que el rimu carga, a Kiri le cambia el cuerpo. Come más y a deshora, duerme peor de día, y las rondas se le alargan kilómetros más allá de donde hay casas. A veces vuelve al amanecer sin saber muy bien por dónde ha andado.

Su explicación llega siempre en el mismo tono, el de quien constata una obviedad profesional: es que viene faena y una se pone en marcha antes. Se prepara porque va a haber trabajo. Eso dice.

Hace veinte años que no cría. El orden de las cosas es exactamente el contrario del que ella cuenta, y no se le ha ocurrido nunca.

Sabe además si el rimu va a cargar semanas antes de que el fruto se vea, y lo atribuye a haber visto muchos árboles. En esos años se vuelve territorial con el instrumental: si Ngaio le recoloca la caja, Kiri la rehace entera esa misma noche. En los años vacíos deja que se la ordene sin decir palabra.

Biografía · Bloque 03 de 03 Oficio
Caps · VII–VIII–IX

Lo que se pasa a la siguiente.

VII
CAP · 07 / 09

Catorce partos en cinco semanas

El rimu cargó como no cargaba desde su infancia cuando ella tenía treinta y ocho años. Catorce partos en cinco semanas, en una isla donde hay años enteros sin ninguno.

Adelgazó cuatro kilos. Durmió a ratos, en sillas, con la chaqueta puesta. Perdió la cuenta de los días y no la del orden en que llegaban las cosas, que era lo único que no podía permitirse perder. Habla de esas cinco semanas como del mejor tramo de su vida, y lo dice sin énfasis, igual que informaría del tiempo.

Sus propios hijos nacieron en un año parecido, cuando ella tenía veintiséis, con la isla llena de partos ajenos. Los dos primeros meses casi no durmió, y no lo cuenta como un sacrificio porque no lo vivió como tal. Los sacó adelante sola, como todas las mujeres de su pueblo; en Whenua Hou nadie pregunta por el padre de nadie, y a nadie le falta nada por ello. A su propio padre lo vio tres veces en la vida y la tercera no lo reconoció.

Uno de sus hijos sigue en la isla. El otro cruzó a Pukenui y llama poco, cosa que ella cuenta sin queja. La única vez que alguien de fuera le preguntó si no se sentía sola, Kiri tardó un rato en entender la pregunta.

VIII
CAP · 08 / 09

Ngaio se impacienta

Hace tres años le asignaron una ayudante. Ngaio tiene veintitantos, es rápida, aprende a la primera y se aburre. En el segundo año vacío se lo dijo a la cara: que para qué tanta ronda si no hay nadie.

Kiri no se defendió. Empezó a pasarle los instrumentos en el orden equivocado.

No le ha dicho que la está enseñando. Ngaio lleva la cuenta de las veces que su maestra ha vuelto de madrugada por el camino largo y se lo ha comentado dos veces; las dos veces Kiri lo achacó al insomnio.

Cuando trabaja da las instrucciones en imperativo suave y siempre de una en una, sin encadenar nunca dos órdenes seguidas. Es lo único que hace de forma deliberada, porque ha aprendido que en su oficio la palabra de más asusta. Para tranquilizar baja el volumen en lugar de subir el tono.

Lo que teme no es morirse. Teme llegar al próximo año de fruto sin estar en condiciones, y teme sobre todo que la chica se canse y se marche antes de haber visto uno, porque entonces el oficio se acabaría con ella y eso sí sería una pérdida del pueblo. Su madre debió de pensar lo mismo durante los años vacíos que Kiri pasó sosteniendo la luz. Tampoco lo dijo.

IX
CAP · 09 / 09

Contar hasta tres

Cuando tenía treinta y tres años hubo un parto que salió mal. Hizo todo bien, en el orden correcto, y aun así la criatura no respiró. La madre no le reprochó nada, que fue lo peor. Kiri se quedó de pie en la puerta hasta que amaneció.

Desde entonces no se sienta hasta que el recién nacido ha hecho tres respiraciones seguidas. Cuenta una, dos, tres, muy bajito, y después se sienta. Nadie de la isla sabe que las cuenta.

De las criaturas que no llegaron a respirar no dice el nombre. Ni una vez. Usa la fecha, o no usa nada.

Las noches en que muere alguien de la isla deja la ventana del cuarto abierta dos dedos y la cierra al amanecer. El pestillo chirría. En los entierros se coloca al fondo, junto a la puerta, y se va la primera en cuanto acaba.

Descansa lavando y ordenando el instrumental que no ha usado. Hervir, secar, colocar, y vuelta a empezar. Si le preguntaran qué es eso para ella, contestaría que tener las cosas en su sitio.

Cuarenta y siete años, en un pueblo donde se vive cerca de sesenta y hay quien pasa de noventa, son los años de en medio. Le quedan bastantes de trabajo por delante, y ella los cuenta en años de fruto.

§ 07 · Ficha de especie Strigops habroptila

Sobre el kakapo.

Clasificación
  1. Animalia
  2. Chordata
  3. Strigopoidea
  4. Psittaciformes
  5. Strigopidae
Strigops habroptila
Kakapo (Strigops habroptila) en libertad
El animal real · Strigops habroptila Foto: Dianne Mason / Department of Conservation NZ (CC BY 2.0)
Hábitat
Bosque templado lluvioso de Nueva Zelanda. Hoy solo sobrevive en islas santuario libres de depredadores — Whenua Hou, Pukenui/Anchor y Hauturu — más un enclave continental vallado.
Dieta
Herbívoro estricto: hojas, raíces, semillas, musgos y, sobre todo, fruto del rimu en los años de fructificación masiva. Forrajea caminando por el suelo y trepando a los árboles.
Longevidad
Unos 60 años de media, con individuos que podrían superar los 90. Es una de las aves más longevas del mundo.
Peso
Machos de 2 a 4 kg, hembras de 1,3 a 2 kg. Es el loro más pesado del planeta.
Adaptación
Pérdida total del vuelo: esternón sin quilla y alas reducidas que solo sirven para el equilibrio y para frenar al bajar de un árbol. Único loro del mundo con apareamiento en lek.
Récord
El loro más pesado documentado del planeta, con machos de hasta 4 kg.

Estado de conservación

Global (UICN)
En peligro crítico
En su región
Toda la población mundial vive en Nueva Zelanda, repartida en un puñado de islas santuario libres de depredadores más un enclave continental vallado.
Población
Unos 235 individuos conocidos a comienzos de 2026, todos identificados por nombre propio y transmisor de seguimiento.

Amenazas principales

  1. Depredación por mamíferos introducidos (armiños, ratas y gatos ferales), causa histórica del colapso de la especie.
  2. Diversidad genética muy reducida tras el cuello de botella poblacional, que eleva la proporción de huevos infértiles.
  3. Brotes de aspergilosis, una infección fúngica respiratoria que ha matado ejemplares en años recientes.
  4. Dependencia reproductiva de los años de fructificación del rimu, que solo llegan cada dos a cuatro años.
La población ha pasado de 124 individuos hace una década a unos 235 hoy, gracias al Kākāpō Recovery Programme.

¿Sabías que…?

01
Un loro que no vuela

Es el loro más pesado del mundo, hasta cuatro kilos, y el único que ha perdido por completo la capacidad de volar. Camina por el suelo del bosque de noche y trepa a los árboles para alcanzar la fruta, y baja plegando las alas a modo de paracaídas.

02
El bramido que viaja kilómetros

En la temporada de cría, el macho cava un cuenco en el suelo, infla un saco torácico y emite un bramido de entre 20 y 100 hercios durante hasta ocho horas por noche. Cada veintena de bramidos lo remata con un agudo que permite a las hembras localizar el punto exacto del sonido.

03
El único loro con lek

Ningún otro loro del mundo se aparea en lek. Los machos se exhiben en arenas de cortejo cercanas entre sí y las hembras recorren distancias largas para elegir. No hay vínculo de pareja: la hembra incuba, alimenta y protege a las crías sola.

04
Huele a estuche de clarinete

Su plumaje desprende un aroma dulzón que los observadores describen como a miel, a flores o al interior del estuche de un instrumento de viento de madera. En un archipiélago sin mamíferos carnívoros ese olor no era problema; cuando llegaron los armiños, las ratas y los gatos, se convirtió en un rastro.

05
Solo cría cuando el rimu carga

La reproducción va atada a la fructificación masiva del rimu, que ocurre cada dos a cuatro años y aporta a las crías el calcio y la vitamina D3 que necesitan. Fuera de esos años, la mayoría de las hembras no pone huevos: es una de las tasas reproductivas más lentas entre las aves.

06
Una vida casi tan larga como la nuestra

Con unos sesenta años de esperanza media y ejemplares que podrían llegar a los noventa, la escala vital del kakapo se parece a la humana más que la de casi cualquier otro animal. Un kakapo de mediana edad ha visto pasar tantos ciclos como una persona de mediana edad.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos kakapo quedan en el mundo?
Unos 235 individuos conocidos a comienzos de 2026. Son tan pocos que cada uno tiene nombre propio y transmisor de seguimiento.
¿Por qué no vuela el kakapo?
Evolucionó en Nueva Zelanda sin mamíferos depredadores nativos, así que dejó de necesitar el vuelo. Sus alas se redujeron y su esternón carece de la quilla donde se anclan los músculos del vuelo.
¿Qué es el bramido del kakapo?
El sonido grave que emite el macho inflando un saco torácico durante horas cada noche en la temporada de cría, para atraer a las hembras desde varios kilómetros de distancia.
¿Dónde vive el kakapo hoy?
Solo en islas santuario de Nueva Zelanda libres de depredadores —Whenua Hou, Pukenui/Anchor y Hauturu— y, desde hace pocos años, en un pequeño enclave continental vallado.
¿Cuánto vive un kakapo?
En torno a sesenta años de media, y hay individuos que podrían superar los noventa. Es una de las aves más longevas que se conocen.
¿Por qué no cría todos los años?
Porque su reproducción depende de la fructificación masiva del rimu, que ocurre cada dos a cuatro años. En los años intermedios, la mayoría de las hembras no pone huevos.
§ 08 · Conservación tres programas · verificados
Kakapo

Ayuda a proteger esta especie.

Cada compra contribuye, pero la donación directa hace más. Tres ONGs con programas específicos verificados para esta especie.

Nº 01 / 03

Kākāpō Recovery.

Kākāpō Recovery Programme · Department of Conservation

El programa oficial de recuperación de la especie, gestionado por el Department of Conservation de Nueva Zelanda junto a Te Rūnanga o Ngāi Tahu. Monitoriza individualmente a cada kakapo vivo, gestiona los traslados entre islas, la alimentación suplementaria y los cribados sanitarios.

Donar a Kākāpō Recovery
Nº 02 / 03

Te Rūnanga o Ngāi Tahu.

Te Rūnanga o Ngāi Tahu

Iwi cogestor oficial del programa de recuperación. Aporta tutela cultural (kaitiakitanga), voluntariado en los traslados y voz en las decisiones sobre una especie con la que mantiene un vínculo ancestral.

Donar a Te Rūnanga o Ngāi Tahu
Nº 03 / 03

ZIP.

Zero Invasive Predators Charitable Trust

Organización neozelandesa especializada en erradicar depredadores invasores —armiños, ratas y gatos— de islas y penínsulas. De su trabajo dependen directamente los santuarios sin depredadores en los que sobrevive el kakapo.

Donar a ZIP
Animal Kinhood · 30 personajes

Treinta nombres. Treinta historias. Treinta personalidades. Un mismo proyecto.

Catálogo completo · Drop 01 — Q3 2026 Explorar Animal Kinhood