La ayudante que va demasiado rápido
A Kiri le asignaron una ayudante, Ngaio, veintitantos años, rápida, de las que aprenden a la primera y luego se aburren. En el segundo año sin nacimientos se lo dijo a la cara: que para qué tanta ronda si no hay nadie. Kiri no se defendió. Lo que hizo fue empezar a pasarle los instrumentos en el orden equivocado, uno detrás de otro, para que la chica tuviera que adivinar cuál tocaba. Tres años después sigue sin decirle que eso es enseñar.







