Una jornada que empieza cuando se apaga la luz
En su historia, Kiri sale al oscurecer. Baja por el camino de la punta, pasa por delante de las casas donde puede hacer falta, no llama a ninguna puerta, da la vuelta y vuelve. Lleva en el maletín una lámpara pequeña que casi nunca enciende, porque se orienta sin ella y le costaría explicarte cómo.
Los que la visitan desde otras islas llegan siempre a la hora equivocada. Ella nunca se lo dice. Se limita a poner agua a calentar y a esperar a que se den cuenta solos, que es su manera de tener paciencia con la gente.







