Un maletín al que le faltan dos cierres
En su historia, el maletín con el que trabaja fue de su madre. El asa está gastada hasta la trama y le faltan dos cierres, y ella no lo cambia. Cada semana lo vacía entero y lo repasa: hervir, secar, colocar, y otra vez a la caja. Lleva dos años sin abrirlo para trabajar. Lo revisa igual. Si le preguntas por qué, contesta que por tener las cosas en su sitio, y ahí se acaba la conversación.







