Seis y cuarenta y cinco
La mochila Nayna es una mochila con el retrato de Nayna, la guepardo, impreso en sublimación sobre toda la superficie. Bolsillo frontal con cremallera, compartimento principal con cierre de cordón, tirantes ajustables. Lo que llega es eso: una mochila estampada, ligera, pensada para el dia a dia.
A las seis y cuarenta y cinco de la mañana Nayna ya lleva media hora en la calle. Ha ido al mercado de Wakulima a por flores — rojas si puede, 150 chelines, a veces 200 si el tipo del puesto le ve la cara de que hoy las necesita más — y ha cruzado Haile Selassie Avenue con el ramo apretado contra el manillar de la CB125, esquivando matatus vacíos que a esa hora circulan sin pasajeros. A las seis y cuarto ya esta en Lunga Lunga Road, zona industrial de South B, abriendo el portón azul del taller con la mano que le queda libre. Lo primero que hace: poner las flores en un bote de aceite vacío sobre el banco de trabajo. Lo segundo: salir, cruzar tres puertas, y pararse delante del puesto de mama Amina.
Mama Amina tiene 55 años. Vende chai y mandazi desde un puesto de chapa a tres puertas del taller, cada mañana, desde antes de que Nayna alquilara el cobertizo. No es amiga de Nayna. No son intimas. No se sientan juntas a charlar. Lo que son es algo que no tiene nombre exacto pero que funciona mejor que la mayoria de las amistades: son parte del mismo tramo de calle.







