Un pañuelo que es una persona
Lo que Nayna más protege lo lleva encima siempre: el pañuelo rojo de lunares negros que era de su abuela Wanjiku. Se lo ató al cuello el día que la perdió y no se lo ha quitado en tres años; lo lava, se lo vuelve a poner, se lo sube sobre la cara cuando hay polvo o cuando quiere desaparecer en plena calle. Está descolorido de tantos lavados, y así le gusta. En el retrato lo lleva puesto: la abuela viaja con ella sin que haga falta contarlo. Una mochila hereda ese modo de andar, llevar encima lo que importa y seguir.







