Rojo sobre rojo
Si miras el retrato de Nayna, hay tres cosas que llaman la atención antes que la cara: la chaqueta biker de cuero negro, la corona de flores rojas y el pañuelo. De los tres, el pañuelo es el único que tiene nombre propio detrás.
Wanjiku. La abuela de Nayna. Vendia chai y mandazi en un puesto de lata y madera junto a la estacion de Syokimau, periferia sur de Nairobi, cada mañana desde las cuatro y media. El puesto olia a cardamomo, leche hervida y polvo de la carretera. Nayna iba despues del colegio. Wanjiku le enseñó dos cosas: a atarse un pañuelo al cuello --\"para el polvo y para que sepan que trabajas\"-- y a no hablar si no tenia algo que decir.
Murió un martes de agosto, a los 74 años, mientras preparaba el primer chai del dia. Infarto. Nayna llegó veinte minutos despues. Lo primero que hizo fue cerrar el puesto. Lo segundo fue quitarle el pañuelo del cuello. Rojo con lunares negros, algodon lavado muchas veces, con ese tacto que tiene la ropa que ha pasado por más manos y más amaneceres que tu.







