Metro y medio de tierra
Esa estaca lleva años clavada en el mismo punto, y ahora le queda metro y medio de tierra por delante. Después el aire, y después el río. Limbani baja por ese sendero cada noche con el capacho y pasa por delante de ella sin pararse. Quien se la señala recibe siempre la misma contestación: que ya la moverá. Nada de esto se ve en la lámina. Lo que hay es una cabeza ancha y pesada, ojos pequeños de párpado rosado y un gorro morado con el ala ya deshilachada.







