Catorce años y una radio sin pilas
Tenía catorce años y alguien había subido una radio a la explanada que hay delante del horno. A media noche se le acabaron las pilas y se quedó el hueco. Limbani siguió él solo, rapeando sin música, hasta que se le acabó a él. Nadie le dijo que parara. Nadie le dijo nada al terminar. Lo cuenta como quien tapa una gotera con lo que tiene a mano. Rapea en chichewa, lo mismo que lleva en un pendrive de doscientas canciones que compró de crío en la parada de los minibuses. Desde aquella noche se pone cada vez que el horno queda cocido y la explanada se llena, y no ha cobrado nunca por ello.







