El jornal de aquella tarde
Con seis años pesaba poco y no se hundía hasta la rodilla, y por eso lo metieron en la poza de amasar. Estuvo ahí dentro toda la tarde, dando vueltas con otras dos crías, hasta que se fue la luz. Al acabar le pagaron con un ladrillo suyo, hecho por él. Un ladrillo suelto no se vende ni levanta pared. Es un trozo de barro cocido y ya. Todavía lo tiene. Le falta una esquina y lo usa de tope de la puerta.







