Los contó tres veces
Tenía once años cuando contó mil ladrillos puestos por él y cobró el millar entero por primera vez. Los contó tres veces porque no se creía el número. Cuando vinieron a recogerlos ya se había quedado dormido en la hierba, al lado de la fila. El trabajo se le sigue midiendo igual: por millar, a destajo, sin contrato y sin nada firmado. Los ladrillos se cuentan en el suelo, en la misma fila donde se han secado al sol.







