Animal Kinhood Animales salvajes En peligro
12 min de lectura 9 capítulos Live · Darjeeling
Retrato frontal y realista de una panda roja joven, de pelaje rojizo-castaño, cara blanca con marcas y orejas orladas de blanco, ojos oscuros grandes, vestida con un peto de punto color turquesa con dos botones, sobre un jersey de bloques rosa y rojo, una capucha amarilla asomando por el cuello y un collar de cuentas de colores con una cadena fina dorada, sobre fondo gris verdoso liso. Es Dolma, personaje de la serie Animal Kinhood de Yago Partal. AK · 02 N 27°02′ E 88°16′ Dolma Darjeeling, IN PHOTO ©YP · 2026
Animal Kinhood · Animales salvajes Nº 02 / 23 Episodio · Dolma
Ailurus fulgens

Dolma.

Panda rojo

Subo a lo alto y miro en silencio. A los míos los conozco por la cola, y no me quedo tranquila hasta saber que ninguno falta.
Súmalo a tu Kinhood.Ya forma parte de tu Kinhood.
Biografía · Bloque 01 de 03 Panda rojo
Caps · I–II–III

El bosque desde arriba.

I
CAP · 01 / 09

Antes de hacer nada, mirar

Todavía es de noche cuando Dolma ya está subida al cedro grande, envuelta en una manta que le llega hasta la nariz, mirando cómo la niebla empieza a levantarse del bosque. No espera nada concreto. Espera ver: quién se mueve abajo, qué rama amaneció partida, por dónde pasó algo esta noche. Desde arriba se le ordena el mundo. Abajo, dice ella, no se ve nada.

Tiene doce años y vive en las colinas de Darjeeling, en el Himalaya, donde el bosque nuboso se toca con los jardines de té y las aldeas se reparten por la ladera sin apiñarse. Su casa es una de esas, sobre el té, con una parcela de bambú detrás y un árbol al que ella se sube como quien entra en su cuarto. La aldea entera pasa por debajo cada mañana y nadie mira hacia arriba. Ella sí mira hacia abajo, y ve lo que a los demás se les escapa.

No es una niña tímida, aunque lo parezca. Es que ha aprendido que casi todo se resuelve mejor mirando primero. Baja despacio, cuando ya lo ha visto entero, y entonces hace. Nunca al revés.

II
CAP · 02 / 09

La ronda del alba

Su padre, Nima, es Guardián del Bosque: uno de los vecinos que patrullan la ladera comunitaria, cuentan a los pandas salvajes y espantan a los que suben con lazos. Fue él quien la subió por primera vez a lo alto, con cinco años, para que viera salir la niebla, y quien le enseñó a leer huellas, rastros y colas antes que las letras. Dolma aprendió las dos cosas a la vez, pero las huellas le salen mejor.

Ahora lo acompaña de voluntaria en la ronda del alba, que es cuando el bosque se mueve. Van callados, ella un paso por detrás, subiendo a los puntos altos a mirar. Distingue una huella de la noche de una de la víspera por lo mojada que está de rocío; sabe qué bambú está roído fresco y cuál se secó solo; lee en una rama partida quién pasó y con qué prisa. Nima ya no le pregunta qué ha visto: se ha acostumbrado a que, si Dolma dobla una rama en el sendero, es porque pasó algo, y a que casi nunca se equivoca.

Su madre, Yangchen, recoge té en temporada y vende momos en el mercado de la mañana; la abuela, Ama Lhamu, teje y guarda la casa. Entre las tres la criaron con dedicación y la soltaron pronto, que es como se cría en su gente: hija única, autónoma antes de tiempo, andando sola por el monte a una edad en que otros no cruzan la aldea. Nadie la vigila de vuelta. Se fían de que sabe bajar.

III
CAP · 03 / 09

No bajo enseguida

«No bajo enseguida. Primero miro.» Lo dice cuando alguien le pide que actúe ya, que baje, que haga algo. Medio terquedad de cría, medio ley suya. A ella le da un apuro físico moverse antes de haber visto bien; prefiere quedarse arriba de más, mirar dos veces, tres, que bajar pronto y equivocarse.

Le pasa con todo. Con un pequeño de la escuela que se pierde: primero sube al abeto a localizar la casa, y solo entonces baja a llevarlo. Con un rastro raro: primero mira quién pudo dejarlo, y luego avisa. Una vez, un cordero del vecino se despeñó por un barranco y todos corrían gritando ladera abajo; Dolma subió al tejado de chapa, vio desde arriba dónde había quedado enganchado y por dónde se llegaba, y lo dijo en una frase. Lo bajaron por donde ella señaló. Nadie le dio las gracias por subirse al tejado en vez de correr, pero el cordero volvió.

La aldea la tiene por lenta y ella no discute; sabe que no es lentitud, es que mirar es su sitio, el lugar desde el que no se le escapa nadie. Lo demás —el ruido, las prisas, la gente que grita antes de haber visto— le sobra un poco.

Voiceline · cita canónica del personaje Dolma · Panda rojo
Pasa el cursor para pausar
Subo a lo alto y miro en silencio. A los míos los conozco por la cola, y no me quedo tranquila hasta saber que ninguno falta. AK · 02 · Dolma · Darjeeling 2025 Subo a lo alto y miro en silencio. A los míos los conozco por la cola, y no me quedo tranquila hasta saber que ninguno falta. Voiceline · Ailurus fulgens Subo a lo alto y miro en silencio. A los míos los conozco por la cola, y no me quedo tranquila hasta saber que ninguno falta. AK · 02 · Dolma · Darjeeling 2025 Subo a lo alto y miro en silencio. A los míos los conozco por la cola, y no me quedo tranquila hasta saber que ninguno falta. AK · 02 · Dolma · Darjeeling 2025 Subo a lo alto y miro en silencio. A los míos los conozco por la cola, y no me quedo tranquila hasta saber que ninguno falta. Voiceline · Ailurus fulgens Subo a lo alto y miro en silencio. A los míos los conozco por la cola, y no me quedo tranquila hasta saber que ninguno falta. AK · 02 · Dolma · Darjeeling 2025
§ 04 · Objetos Ediciones abiertas · cotidianos
10 piezas · Impresión bajo demanda

Lleva a Dolma a casa.

Biografía · Bloque 02 de 03 Raíces
Caps · IV–V–VI

El cuaderno de las colas.

IV
CAP · 04 / 09

El invierno que floreció el bambú

Hubo un invierno en que el bambú floreció de golpe —le pasa cada muchos años— y luego se murió entero, y el monte se quedó sin comida una temporada larga. Los pandas del bosque lo pasaron mal; algunos bajaron, otros no aguantaron. Dolma tenía nueve años y por primera vez entendió que los suyos podían desaparecer sin que ella se enterara a tiempo.

Fue entonces cuando empezó el cuaderno. Sin decírselo a nadie, ni a su padre, se puso a dibujar a cada panda salvaje que conocía por los anillos de la cola, que en cada uno son distintos, únicos como una huella. Al lado anotaba si lo había visto o si solo había visto su rastro, y la fecha, y en qué ladera. Cada temporada pasa por sus laderas y comprueba: este sigue, este también, este todavía no lo vio esta luna. Cuenta dos veces, tres, antes de cerrar el cuaderno; le da un miedo pequeño saltarse a alguien sin querer. El cuaderno lo guarda en un hueco del árbol de su casa y no se lo enseña a nadie. Si lo enseña, dice, se estropea.

V
CAP · 05 / 09

A los míos los conozco por la cola

«A los míos», los llama. No son mascotas ni amigos: son tres o cuatro pandas salvajes que ella vela de lejos, sin acercarse, cada uno en su trozo de bosque. Su gente vive así, solitaria y repartida, cada familia en su ladera, sin roce, sabiéndose unos a otros por señales. Dolma no busca pandilla ni la echa de menos. Le basta con saber que los suyos siguen ahí.

Los conoce por la cola, larga y anillada, casi tan larga como el cuerpo, la misma que ellos usan enrollada de manta contra el frío igual que Dolma usa la suya. Puede no verles la cara: si les ve la cola, sabe quién es. Sabe también que en primavera suben a por los brotes tiernos y en invierno bajan a lo más resguardado, así que cambia sus laderas de mirar según la estación, siguiéndolos sin que ellos lo sepan.

Tiene buenas manos para el cuaderno —dibuja fino, anuda, agarra ramas que a otros se les escapan—, y no sabe que eso también le viene de los suyos. Al atardecer, cuando sube la niebla y el bosque se le pone debajo, hace su propia ronda corta por las laderas de todos, cuaderno en mano, y no vuelve a casa hasta poder escribir, de cada uno, «este sigue». Ese segundo —confirmar que el que temía perder aún está— no lo cambia por nada.

VI
CAP · 06 / 09

La página que dobló aparte

Uno de los suyos, un panda joven que ella tenía apuntado como «el de la cola de tres anillos claros», dejó de aparecer una temporada. Un perro subido del pueblo, dijeron: los perros sueltos persiguen a las crías y traen enfermedades, y son de lo que más daño hace en las colinas. Dolma no lloró delante de nadie. Arrancó esa página del cuaderno y la guardó doblada aparte, ni con los que siguen ni tirada.

No la borra. Al que ya no aparece no lo tacha: lo dobla y lo aparta, y de vez en cuando pasa por su ladera por si acaso, aunque sabe que no. Desde entonces vela más y distinto: empieza la ronda por las laderas de los más pequeños, los más fáciles de perder, antes que por las de los suyos de siempre. Es lo más parecido que tiene a un rezo, aunque ella no lo llamaría así ni sabría hacerlo.

Biografía · Bloque 03 de 03 Oficio
Caps · VII–VIII–IX

Avisar sin gritar.

VII
CAP · 07 / 09

Tres ramas en el sendero

«Yo no grito. Aviso.» Su gente casi no hace ruido —los pandas rojos apenas tienen voz, un bufido, un gorjeo bajo— y Dolma tampoco. Cuando algo va mal no da la voz de alarma: dobla tres ramas en el sendero, la señal que le enseñó su padre, y espera quieta a que llegue la ronda y las lea.

Así fue como, una madrugada, vio desde su rama a un hombre poniendo lazos donde no debía, antes que nadie. No gritó, no se delató, no bajó a enfrentarlo: se habría puesto en peligro y lo habría espantado. Se quedó quieta, memorizó por dónde iba, bajó sin ruido cuando el hombre se alejó, dobló sus tres ramas en el cruce del sendero y esperó a la ronda. Los Guardianes siguieron las ramas y lo pillaron con los lazos encima. Ella no contó que había sido ella; se puso colorada cuando su padre lo adivinó por la forma de doblar la rama, que ya conoce. En el bosque, piensa Dolma, el que grita es el que todavía no ha visto nada. El que ha visto, avisa callado y deja que las cosas se arreglen sin que se note que fue él.

VIII
CAP · 08 / 09

Al mediodía no sirve, al atardecer la buscas

Hay una hora en que Dolma no sirve para nada, y es el mediodía. Cuando el sol pega y el bosque se para, se le cierran los ojos donde esté: en una rama, en el tejado de chapa, en el banco de la escuela. Se enrosca en la manta que le tejió la abuela con lana de las cabras del monte —larguísima, para las rondas del alba en que aún es de noche— y da una cabezada sin remedio. La maestra lo lleva regular. La abuela, no: le guarda el atardecer libre porque sabe que ahí es cuando su nieta se enciende.

Porque al atardecer, cuando sube la niebla, Dolma se despierta entera y sale. Es la hora en que ve mejor, en la media luz, y en que el bosque se mueve. La manta es lo primero que agarra al salir y lo último que suelta. La abuela dice que la niña ve con las orejas y con las manos, no solo con los ojos. Puede ser.

IX
CAP · 09 / 09

Lo que vela desde lo alto

La que vela por todos y anota a todos no deja que la miren a ella ni enseña su cuaderno a nadie. No es desconfianza —avisa, cuida, acompaña la ronda cada mañana—, es que ser mirada la deja a la intemperie, y mirar es su sitio seguro. Debajo del cuaderno, del subir al árbol, del contar por la cola, hay un miedo que ella no sabría nombrar: que uno de los suyos desaparezca sin que ella lo viera a tiempo, y enterarse cuando ya no hay nada que hacer.

Su bosque se está partiendo en trozos —el té, los caminos, las laderas que se despejan—, y las familias quedan cada vez más lejos unas de otras, sin poder cruzar de una a otra. Su padre y los demás Guardianes plantan bambú, cierran pasos a los perros, cuentan lo que queda; es un trabajo lento y de vecinos, no de héroes. Dolma no puede coserlo. Solo puede subir a lo alto cada alba y cada atardecer, contar a los que aún están, doblar una rama cuando hace falta, y guardar el cuaderno con su página doblada aparte.

Querría, algún día, que su padre la dejara hacer sola un tramo de la ronda, sin ir detrás; que se fíen de sus ojos del todo. Y querría, más hondo y sin saber decirlo, fiarse ella misma de que no todo depende de que lo vea. Pero todavía no puede. Así que sube, se envuelve en la manta, y mira. Primero, siempre, mira.

§ 07 · Ficha de especie Ailurus fulgens

Sobre el panda rojo.

Clasificación
  1. Animalia
  2. Chordata
  3. MammaliaMamíferos
  4. Carnivora
  5. Ailuridae
Ailurus fulgens
Red panda (Ailurus fulgens) in the wild
El animal real · Ailurus fulgens Foto: Xiangkun ZHU / Unsplash
Hábitat
Bosque nuboso templado de montaña con sotobosque de bambú, entre 2.200 y 4.800 m, en el Himalaya oriental y el suroeste de China
Dieta
Sobre todo bambú (hojas y brotes), completado con frutos, bellotas, huevos e insectos; pese a ser un carnívoro, es casi folívoro
Longevidad
unos 8-10 años en libertad; hasta 14-16 en cautividad
Peso
3-6 kg · 50-64 cm de cuerpo + una cola anillada de 28-59 cm
Adaptación
Un 'falso pulgar' (un hueso de la muñeca agrandado) para agarrar el bambú, una cola tupida que usa como manta contra el frío y plantas de los pies peludas para el hielo
Récord
Es el 'panda original': el nombre panda se le dio a él en 1825, medio siglo antes que al panda gigante, y es el único miembro vivo de su familia, los ailúridos

Estado de conservación

Global (UICN)
En peligro
En su región
En China se calcula un declive de en torno al 40 % en los últimos cincuenta años; en Nepal, India, Bután y Myanmar las poblaciones sobreviven en manchas de bosque de montaña cada vez más separadas entre sí.
Población
Se estiman menos de 10.000 individuos adultos en el mundo, en tendencia decreciente y repartidos en parches de bosque cada vez más aislados; la fragmentación dificulta mucho los censos.

Amenazas principales

  1. Pérdida y fragmentación del bosque de montaña por la expansión de cultivos (cardamomo, patata, té), la tala y el pastoreo en las laderas del Himalaya oriental.
  2. Perros sueltos o asilvestrados de los pueblos, que depredan sobre las crías y transmiten el moquillo canino, letal para la especie.
  3. Caza furtiva y comercio ilegal de pieles y de ejemplares vivos para el mercado de mascotas.
Bosque comunitario protegido y monitoreo por los Guardianes del Bosque de Red Panda Network, corredores de hábitat financiados con Rainforest Trust, y el trabajo de WWF en el paisaje transfronterizo de Kangchenjunga.

¿Sabías que…?

01
El panda original

La palabra 'panda' nació para él en 1825, medio siglo antes de que existiera el 'panda gigante'. Hoy presta su silueta a la mascota del navegador Firefox, el 'zorro de fuego'.

02
Un pulgar que no es un dedo

Para sujetar el bambú tiene un 'falso pulgar': un hueso de la muñeca agrandado que le hace de sexto dedo. El panda gigante tiene el mismo truco, inventado por separado: dos animales sin parentesco que dieron con la misma solución.

03
La cola que es una manta

Su cola tupida y anillada, casi tan larga como el cuerpo, no es solo para el equilibrio en las ramas: se envuelve en ella como en una manta para dormir en el frío de la montaña.

04
Carnívoro que casi no come carne

Pertenece al orden de los carnívoros, pero pasa doce o trece horas al día masticando bambú, del que aprovecha muy poco. Ha perdido incluso el gen que le dejaba saborear la carne.

05
Baja de los árboles de cabeza

Sus tobillos giran casi por completo, así que puede bajar de un árbol cabeza abajo, con las garras bien clavadas: algo que casi ningún otro carnívoro sabe hacer.

06
¿Una especie o dos?

Durante años se discutió si el panda rojo del Himalaya y el de China eran dos especies distintas. Un estudio genómico reciente encontró que se mezclan, y concluyó que son una sola especie con dos formas.

Preguntas frecuentes

¿Por qué Dolma va tan colorida y abrigada en el retrato?
Porque es una niña panda roja de las colinas de Darjeeling, en el Himalaya, donde al alba hace frío. Lleva peto de punto, jersey de bloques y una capucha, y en la historia se envuelve en una manta-bufanda larga que le tejió su abuela, como la cola-manta de su especie.
¿Está en peligro el panda rojo?
Sí. La UICN lo clasifica En Peligro: quedan menos de 10.000 adultos y bajando. Su bosque de montaña se parte en trozos cada vez más aislados, y le afectan los perros del pueblo y la caza furtiva.
¿Dónde vive Dolma?
En las colinas de Darjeeling, cerca del Parque Nacional de Singalila, en el Himalaya oriental de la India. Es voluntaria junior de los Guardianes del Bosque y se pasa el día subida a lo alto del bosque nuboso, vigilando.
§ 08 · Conservación tres programas · verificados
Panda rojo

Ayuda a proteger esta especie.

Cada compra contribuye, pero la donación directa hace más. Tres ONGs con programas específicos verificados para esta especie.

Nº 01 / 03

RPN.

Red Panda Network

Organización con sede en Katmandú dedicada en exclusiva al panda rojo: gestiona bosque comunitario y forma a los Guardianes del Bosque (Forest Guardians), vecinos que patrullan y monitorean la especie.

Donar a RPN
Nº 02 / 03

Rainforest Trust.

Rainforest Trust

ONG internacional de compra y protección de hábitat que, junto a Red Panda Network, financia corredores de bosque protegido para el panda rojo en el Himalaya oriental de Nepal.

Donar a Rainforest Trust
Nº 03 / 03

WWF.

WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza)

A través de su programa en Nepal trabaja en el paisaje transfronterizo de Kangchenjunga, uno de los últimos refugios continuos del panda rojo, con cámaras trampa y restauración de corredores de bosque.

Donar a WWF
Animal Kinhood · 23 personajes

Veintitrés nombres. Veintitrés historias. Veintitrés personalidades. Un mismo proyecto.

Catálogo completo · Drop 01 — Q3 2026 Explorar Animal Kinhood