Al mediodía baja el ritmo
Hay una hora en que Dolma no da más de sí, y es el mediodía: cuando el sol pega, se le cierran los ojos donde esté y da una cabezada. Al atardecer, en cambio, cuando sube la niebla, se despierta entera y sale. Su día se organiza por esas dos luces, no por el reloj de los demás. El panda rojo es un animal crepuscular, de los que se mueven al alba y al atardecer y duermen el calor del mediodía; a una sudadera le va justo ese ánimo de horas tranquilas, sin prisa, cuando apetece estar a gusto y no rendir cuentas a nadie.







