Cuida mirando, avisa sin gritar
En su historia, Dolma es de pocas palabras, pero no por seca: habla cuando hace falta, no cuando toca. Cuando algo va mal en el bosque, no da la señal de alarma ni corre ladera abajo. Deja un aviso mínimo —tres ramas dobladas en el sendero— y espera quieta a que lo lea quien tenga que leerlo. Le enseñaron que, en el monte, el que grita es el que todavía no ha visto nada. Esta camiseta lleva su cara atenta, la de quien se entera de todo sin necesidad de armar escándalo.







