De grabar la ciudad a mezclar salas
Antes de vivir del sonido en directo, Bruno empezó a grabar de noche con una grabadora pequeña y un micro: el chirrido de un tranvía, el rumor del puerto, la ciudad cuando no queda nadie. De ahí salió el oído que hoy le paga las facturas. Es freelance, elige con quién trabaja y toma tres cafés al día, siempre solos, siempre en taza pequeña: el primero al despertar, sobre las once, antes de que arranque su jornada.







