Una cadena que no explica
Marc era un roadie de sesenta años, de Toulon. La noche que se jubiló, tras un último bolo, cogió un trozo de cadena de un flight case roto —plata mate, eslabones medianos— y se lo dio a Bruno: para que no se te olvide de dónde vienes. Bruno se la puso y no se la ha quitado desde entonces. Cuando alguien le pregunta por ella, cambia de tema. No es que le duela; es que nombrarla la gastaría.







