El edificio que respiraba
Con catorce años, en un bloque de las afueras de Montpellier, Bruno oía música a través del techo: no la canción, una vibración que bajaba por las tuberías como si el edificio respirara. Un vecino que había sido DJ le prestó unos auriculares, y por primera vez oyó el espacio de una mezcla: el aire que cabe dentro de un sonido. Ese día dejó de escuchar canciones y empezó a escuchar sonidos. De ahí sale todo lo demás; hay más de él en su biografía.







