La espera como método
Hay una prueba de sonido en Le Molotov que resume quién es Bruno. La banda lleva tres minutos esperando. El cantante grita algo desde el escenario — \"¿está listo o qué?\" — y Bruno ni levanta la cabeza. Tiene las manos sobre la mesa y no se mueve. Está escuchando cómo responde la sala esa noche, con esa gente, con esa humedad concreta del aire. Levanta un dedo. Espera dos segundos. Baja un fader, sube otro. El escenario cobra vida.
Esa paciencia tiene algo de emboscada. La mantis religiosa en estado salvaje puede permanecer inmóvil durante horas esperando el momento exacto para actuar. Bruno ha trasladado esa cualidad a su oficio sin haberlo decidido conscientemente. Aprendió de crío, a los ocho años, que si se quedaba absolutamente quieto en el jardín de su abuela, las lagartijas se le subían a los pies. Cuarenta minutos sin moverse. La inmovilidad como herramienta, y lleva usándola desde entonces — en pruebas de sonido, en relaciones, en las tardes que pasa sentado en el balcón de su piso de Cours Julien mirando pasar la calle sin necesidad de bajar.
Le Molotov es donde hizo su primera mezcla FOH a los veintiuno. Llegó a Marsella con dieciocho años y una mochila, empezó cargando equipos y enrollando cables por lo mínimo. La banda de aquella primera mezcla era terrible. El sonido fue correcto. Hoy, a los veintisiete, elige con quién trabaja. Salas con buena acústica de base, bandas que respeten la prueba de sonido, promotores que paguen a tiempo.







