No toca un fader hasta escuchar
En las salas de Marsella trabaja igual. Llega la prueba de sonido y Bruno se queda quieto, sin mover nada, mientras la banda pregunta si está listo. No escucha a la banda ni al micro: escucha la sala. Y solo cuando la entiende toca, de golpe, y el espacio cobra vida. La quietud no es su punto débil; es la herramienta. Prefiere que le valoren el trabajo a que le digan que es buen tío.







