Boca abajo en el muelle, a los nueve
Fue un sábado por la tarde, en el muelle de Port Lincoln, con su padre y unos pescadores. Un juvenil de unos dos metros pasó lento, una sombra gris a tres de profundidad. Todos los pequeños dieron un paso atrás; Lowanna se tumbó boca abajo en el borde y lo siguió con la mirada. Su padre la levantó del cinturón y, en vez de reñirla, le dijo: «lo has visto bien, ¿eh?». Aquella tarde no sintió miedo, sino algo más difícil de explicar. No supo qué hacer con eso durante años.







