La visera que nunca está quieta
Lowanna tiene un tic: dobla y vuelve a doblar la visera de la gorra mientras habla, mientras escucha, mientras piensa. Por eso está curvada a mano. Es la misma inquietud que la hace tamborilear, morder tapones y levantarse a media reunión para estirar las piernas. Cuando la ves quedarse muy quieta y dejar la visera en paz, es que algo va mal: la quietud es lo contrario de ella. En una sudadera, la llevas justo con ese gesto congelado, en la cara serena de antes de moverse.







