Cuarenta segundos que no salen en el retrato
La creé de frente, con la boca abierta en esa sonrisa que enseña toda la hilera de dientes: en la lámina solo está la cara serena, sobre un fondo liso. La escena que le dejó esa calma no cabía dentro. En una jornada de campo en las Neptune Islands, a setenta kilómetros de Port Lincoln, un tiburón blanco adulto de cuatro metros pasó a seis metros de ella. Ninguno de los dos se movió. Él la miró y siguió su ruta. Salió del agua serena, sin decir nada, y esa noche se sentó en el suelo de su estudio y sonrió sola diez minutos.







