El tirón que se lleva a la torre
Una mañana de patrulla vio algo enredado en la línea de carnada: de lejos parecía basura, de cerca era un marrajo joven, muerto. No era de su especie exacta, pero era de los del agua. Lo desenredó sola, lo midió, le hizo una foto y rellenó el informe con todos los datos. Desde entonces, cada vez que ve una de esas líneas desde la torre siente un tirón en el estómago que ya no se le va. No lo dice en voz alta. Lo lleva, como se llevan las cosas que uno decide no soltar.







