Ochenta metros, a los dieciséis
El primer rescate fue en Spalding Cove, una tarde de viento con banderas amarillas. Alguien de fuera se metió con resaca fuerte, ignorando las señales. Lowanna lo vio desde la orilla por cómo movía los brazos y por cómo la cabeza le desaparecía. Entró sin equipo, en bañador, fuera de turno; nadó ochenta metros en corriente cruzada y lo sacó en cuatro minutos. El jefe de estación, que le enseñó que un buen socorrista no corre, lee, le dijo lo justo: «lo hiciste bien; la próxima vez, coge una tabla».







